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Impacto de un asteroide de 12 Km de diámetro contra la corteza terrestre hace 66 Millones de años © Mark Garlick

Gorgonilla: rastros del impacto de Chicxulub que extinguió los dinosaurios hace 66 Ma

Resumen:

El impacto de un asteroide de 12 Km de diámetro contra la superficie de la tierra hace 66 Ma causo la desaparición del 75% de las especies que vivían entonces incluyendo los famosos dinosaurios, estudios recientes descartan que la intensa actividad volcánica que se desarrolló a finales del Cretácico jugara un papel definitivo en esta extinción que se atribuye íntegra y definitivamente a los cambios ambientales tras el impacto de Chicxulub.  El límite que marca el final del Mesozoico (Cretácico) y el comienzo del Cenozoico (Paleoceno) se conoce como límite K/Pg y contiene una fina capa de iridio que dejó el asteroide tras desintegrarse, esta capa de arcilla sólo se preservó en unas pocas localidades a nivel mundial. Recientemente, una nueva capa del límite K/Pg rica en tectitas, esférulas generadas tras la colisión y perfectamente conservadas han sido reportadas en el pacífico de Colombia aportando información relevante sobre los acontecimientos que sucedieron al impacto.

Hace 66 Ma. el impacto de un asteroide de 12 km de diámetro contra la superficie de nuestro planeta cambió para siempre la historia de la vida en la tierra. La colisión fue de tal magnitud que ocasionó la extinción del 75% de las especies de plantas y animales que existían en ese momento o lo que es lo mismo 3 de cada 4 especies desaparecieron, a este catastrófico evento que marcó el final de la era de los dinosaurios se le conoce como la extinción masiva del Cretácico – Paleógeno (K/Pg).

El cráter Chicxulub, un colosal impacto en la superficie terrestre hace 66 Ma

El cráter Chicxulub, que es como se conoce a la huella dejada por el asteroide que chocó con nuestro planeta hace 66 Ma se encuentra en México, Se trata de un cráter de forma circular formado por varios anillos concéntricos que se crearon tras el impacto encontrándose una parte del cráter enterrada al norte de la península de Yucatán y la otra parte en el fondo marino al sur del Golfo de México sepultado por al menos 1 km de rocas y sedimento. Debe su nombre al poblado Chicxulub que se encuentra relativamente cerca del centro del cráter. 

Impacto de Chicxulub  hace 66 Ma. Créditos Don Davis
Impacto de Chicxulub hace 66 Ma. Créditos Don Davis

Los modelos sugieren que el asteroide viajaba a una velocidad de 70.000 km/h cuando entró en la atmósfera de nuestro planeta con un ángulo de impacto de 45º a 60º (Collins et al. 2020) evaporándose al instante tras colisionar en lo que en ese entonces era un mar poco profundo dejando un cráter de 15 a 20 km de profundidad y al menos 170 km de diámetro mientras las rocas de la corteza se desintegraban tras la colisión. Durante el impacto la roca pulverizada fluyo como si se tratara de un líquido y se elevó brevemente desde las profundidades de la corteza formando un pico central sobre la superficie antes de colapsar hacia abajo a causa de la  gravedad formando el “anillo de picos”, característico de los grandes impactos.

Los estudios plantean un escenario apocalíptico tras la colisión de Chicxulub; en punto de impacto se habría fundido la plataforma continental y se habría  generado una bola de fuego que llegó a alcanzar los 1.000 ºC liberando una energía equivalente a 10.000 millones de bombas atómicas como la de Hiroshima (Gulick et al. 2019), el mar circundante se habría evaporado generando una enorme onda expansiva que alcanzó miles de kilómetros provocando que la mayor parte del paisaje estallara en llamas en forma de extensos incendios forestales que se extendieron a miles de kilómetros del cráter aniquilando toda forma de vida.

Lluvia de escombros durante el evento de extinción masiva en el límite Cretácico-Paleoceno. Créditos Richard Bizley
Lluvia de escombros durante el evento de extinción masiva en el límite Cretácico-Paleoceno. Créditos Richard Bizley

El descomunal impacto generó potentes ondas sísmicas seguidas de réplicas constantes que desplazaron enormes volúmenes de agua de mar que darían origen a su vez a un megatsunami que se extendió por todos los océanos del planeta con olas  de hasta un kilómetro y medio de altura (Range et al. 2018) que habrían penetrado varios kilómetros en tierra firme.

Se estima que el impacto arrojó 100 km³ de rocas y escombros que se elevaron a una altitud de 100 km, cuando alcanzó esta altitud, este gas caliente de roca se enfrió formando pequeñas esferas del tamaño de un grano de arena que al volver a entrar en la atmósfera se calentaron de nuevo por la fricción del aire. A estas esférulas de roca se les conoce como tectitas y tienen el aspecto de minúsculas perlas de vidrio natural que se forman no sólo como consecuencia de impactos con asteroides sino también a causa de detonaciones nucleares de gran potencia.

Los científicos estiman que las tectitas habrían regresado de nuevo a la superficie  a velocidades terminales de entre 160 y 320 kilómetros por hora generando una intensa lluvia de escombros que sumado a las altas temperaturas en superficie que se habrían elevado varios cientos de grados tras el impacto habría ayudado a generar incendios forestales masivos en todo el continente americano y que quizás se dieron en todo el mundo.

Recreación de la colisión del asteroide de Chicxulub y la posterior expulsión de las tectitas. Créditos Hermann Bermúdez/Servicio Geológico Colombiano - SGC

Otro factor que agravó las consecuencias de tan catastrófico evento fue que el impacto ocurrió en los depósitos de yeso ricos en azufre del lecho rocoso de la península de Yucatán, lo que habría eyectado sulfatos nocivos a la atmósfera. Una enorme nube de ceniza, vapor y polvo compuesta por gases, el humo de los incendios y el material del impacto que permaneció en suspensión habría envuelto la atmosfera de la tierra durante meses bloqueando el paso de la luz solar oscureciéndolo todo formando una especie de “invierno nuclear” que según modelos climáticos hizo que las temperaturas globales cayeran hasta cerca del punto de congelación, los océanos se acidificaron y la fotosíntesis dejó de producirse lo que se tradujo en el rompimiento de la cadena trófica provocando a su vez el colapso de la mayoría de ecosistemas terrestres y marinos.

Pero contrariamente los dinosaurios no avianos no fueron los únicos que se extinguieron: de los mares desaparecieron los grandes reptiles marinos así como la mayoría de los foraminíferos planctónicos y una gran cantidad de invertebrados marinos entre los que se hallaban ammonites y rudistas, bivalvos que durante el Cretácico habían sido los principales responsables de la formación de arrecifes en el mar de Tetis.  También desaparecieron las aves primitivas y los pterosaurios, arcosaurios voladores  que llevaban surcando los cielos al menos desde el triásico tardío así como mucha de la flora que había habitado hasta entonces, sin embargo muchos vertebrados como aves, anfibios, serpientes, cocodrilos, tortugas y mamíferos así como las plantas que darían origen a los bosques tropicales modernos lograron sobrevivir.

Tras el impacto, la onda expansiva exterminó todo a su paso. Créditos Mark Garlick
Tras el impacto, la onda expansiva exterminó todo a su paso. Créditos Mark Garlick

Sobre la extinción masiva del Cretácico tardío: asteroide, volcanes o una suma de ambos?

Aunque no sea el tema principal de esta entrada es oportuno mencionar que como en muchos otros debates científicos no existe unanimidad sobre las causas que condujeron a la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno y aunque la teoría más aceptada sigue siendo la que nos plantea un escenario post-apocalíptico ocasionado por los efectos asociados al impacto de Chicxulub, algunos investigadores consideran que el impacto por sí solo no sería capaz de generar la extinción masiva que se le atribuye, por eso otras investigaciones como las que ha mantenido durante años la paleontóloga Gerta Keller sugieren que la actividad volcánica que  tuvo lugar en nuestro planeta a finales del Cretácico tardío tuvo mucho que ver con dicha extinción o que incluso el impacto de Chicxulub fue anterior al límite K/Pg en varios cientos de miles de años (Keller et al., 2001, 2003a, 2003b, Keller 2011).

Traps del Decán junto a la ciudad de Matheran al este de Bombay. Créditos Nicholas Nichalp

Las pruebas de una alta actividad volcánica hace 66 Ma en las conocidas como Traps del Decán una de las mayores formaciones volcánicas de nuestro planeta ubicadas en el centro-oeste de la India plantean que la alta emisión y posterior concentración de gases nocivos, especialmente dióxido de azufre podría haber contribuido a las extinciones en masa de finales del Cretácico.

Sabemos que la erupción de las Traps del Decán se produjo al menos unos 250.000 años antes del impacto de Chicxulub (Schoene et al. 2015) y siguió haciéndolo durante al menos 500.000 años más, produciéndose un gran brote de lava sólo decenas de miles de años antes del impacto aunque otros investigadores calculan que éste se produjo justo después del impacto (Sprain et al. 2019), pero porque es importante esta información? Si las Traps del Decán liberaron lava y gas justo antes o después del impacto del asteroide podría significar que al menos parte del exterminio posterior a la colisión se debió al cambio climático creado por la intensa actividad volcánica… o quizás no?

Un par de estudios publicados en 2020 determinaron que el vulcanismo no tuvo un papel directo en la extinción en masa del Cretácico (Chiarenza et al. 2020) & (Hull et al. 2020) y que la causa principal de dicha extinción fue el impacto del asteroide contra la corteza terrestre hace 66 Ma, el estudio de Hull basado en una serie de modelos que reproducían el ciclo del carbono, simuló los registros de temperatura y determinó que ese vulcanismo debió terminar unos 200.000 años antes del impacto. Si bien el vulcanismo hizo que el planeta se calentara antes del impacto todo indica que se volvió a enfriar antes de la llegada del asteroide.  Ese calentamiento previo no muestra extinciones marinas mientras que tras el impacto desapareció bruscamente más del 90 por ciento de las especies de plancton.  Por otro lado el estudio del equipo de Chiarenza usó marcadores geológicos del clima y modelos matemáticos que combinaron con información sobre los elementos ambientales -como la lluvia y la temperatura- que necesitaban las especies de dinosaurios para desarrollarse y posteriormente trazaron en un mapa los lugares donde seguirían existiendo estas condiciones favorables tras la colisión de un asteroide o de un vulcanismo masivo, finalmente los resultados mostraron que sólo el asteroide podría haber destruido todos los hábitats potenciales, mientras que el vulcanismo dejó algunas regiones alrededor del ecuador donde sería posible su supervivencia.

Ambos estudios llegan a la misma conclusión: la única explicación para la extinción masiva de hace 66 Ma son los cambios ambientales posteriores al impacto que ocasionaron la erradicación de los hábitats de los dinosaurios no avianos y de muchas otras especies en todo el mundo.

Asteroide de 12 km de diámetro impactando en el mar a finales del Cretácico tardío. Créditos Mark Garlick
Asteroide de 12 km de diámetro impactando en el mar a finales del Cretácico tardío. Créditos Mark Garlick

Finalmente, una investigación publicada este mismo año (Goderis et al. 2021) en la que se presentan nuevos datos que revelan la presencia de iridio dentro de la secuencia del anillo de picos del cráter de impacto de Chicxulub y que coincide con las partículas incrustadas en la capa de arcilla de hace 66 millones de años hallada por primera vez en los años 80 en Italia y España refuerzan la teoría de que el principal causante de la extinción masiva del Cretácico tardío fue el impacto de un asteroide.

Los estudios realizados en cuatro laboratorios independientes se hicieron en base al material del núcleo de perforación recuperado por la Expedición 364 del IODP-ICDP, un proyecto de investigación internacional que mapeó, perforó y recuperó más de 800 metros de roca del anillo de picos del cráter Chicxulub. Los cilindros que contienen estas rocas se encuentran en la Universidad de Bremen, en Alemania, donde se siguen estudiando sus características detalladamente.

El yacimiento de Tanis en Dakota del Norte

En 2019 un estudio daba a conocer el que sería el primer conjunto de organismos fósiles de gran tamaño asociado a la extinción masiva del  límite K/Pg (DePalma et al. 2019), el yacimiento de Tanis en Dakota del Norte, Estados Unidos  está lleno de una gran variedad de especies vegetales y animales: peces de agua dulce y de agua salada mezclados, troncos de árboles quemados, ramas de coníferas, pétalos de flores , pequeños mamíferos, huesos de mosasaurios, insectos, el cadáver parcial de un Triceratops, equinodermos, ammonites  y microorganismos marinos como dinoflagelados además de restos que incluyen más de una docena de plantas y animales desconocidos hasta ahora.

Reconstrucción del origen del yacimiento de Tanis en Dakota del Sur, Estados Unidos. Créditos De Palma.
Reconstrucción del origen del yacimiento de Tanis en Dakota del Sur, Estados Unidos. Créditos De Palma.

En el afloramiento de Tanis los fósiles están conservados en multitud de orientaciones al azar incluyendo peces en posición vertical, lo que prueba que su deposición fue el resultado de un proceso muy rápido y  violento que los sorprendió atrapándolos en una masa de barro casi instantáneamente. Algunos de los restos de dinosaurios están en la parte superior de la secuencia estratigráfica, lo que sugiere que los restos estuvieron flotando en el agua antes de que el terreno donde finalmente se depositaron se volviera a secar. El metro y medio de grosor que tiene el yacimiento está saturado de las esférulas de cristal (tectitas) que ya hemos comentado anteriormente y que son las partículas de roca fundida que salieron eyectadas hacía la atmósfera a causa del impacto de Chicxulub, adicionalmente el yacimiento está cubierto por un estrato de dos centímetros rico en iridio, pruebas que apoyan la teoría del impacto del asteroide como el desencadenante de la extinción masiva del límite K/Pg.

La teoría del Impacto K/Pg

Se conoce como límite K/Pg = límite Cretácico-Paleógeno (anteriormente llamado límite K/T = límite Cretácico-terciario) a una franja (horizonte  geológico) que delimita el final de la era Mesozoica y marca el comienzo de la era Cenozoica.

Límite K/Pg en Agost, Alicante (España)

Los altos niveles de iridio en el límite K/Pg medidos por primera vez en las capas límite de Gubbio en el norte de Italia publicados por  Álvarez et al. (1980) y Caravaca de la Cruz en el sureste de España por Smit & Hertogen (1980) sirvieron para dar apoyo a una hipótesis surgida algunas décadas antes que proponía que el impacto a gran escala de un cuerpo extraterrestre habría sido el causante de la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno. Desde entonces investigadores alrededor del mundo han hallado en el mismo nivel, la presencia de minerales poco comunes en la corteza terrestre como espinelas de níquel que se formaron por las altas temperaturas alcanzadas al entrar el asteroide en la atmósfera, granos de cuarzos con bandas de deformación producidas por la enorme presión generada por el impacto y las pequeñas esférulas de vidrio natural ya comentadas (tectitas) que se produjeron cuando tras la colisión, el material fundido fue proyectado hacia la atmósfera donde se enfrió y recristalizó durante su caída de regreso a la Tierra.

Éstas y otras evidencias encontradas en distintas partes del mundo sólo podían explicarse como consecuencia del impacto de un asteroide en el límite K/Pg.

Luis Álvarez (izq.) y Walter Álvarez (der.) en el límite K-Pg cerca de Gubbio, Italia. Créditos US Government - Lawrence Berkeley Laboratory.

Antes de 1980 otras hipótesis se habían propuesto para explicar la extinción de los dinosaurios: la competencia con los mamíferos, el envenenamiento de las especies herbívoras producida por la aparición de las plantas con flores, cambios climáticos causados por diversos factores, salinidad del agua etc… y entre ellas estaba la hipótesis del impacto de un asteroide aunque no se sabía donde. Esto cambió en 1978 cuando el geólogo de la Universidad de California en Berkeley Walter Álvarez (quien hizo su tesis de doctorado con rocas de la Guajira), que se encontraba trabajando en una secuencia de calizas cerca de Gubbio, en los Apeninos centrales de Italia, tomó una muestra de arcilla de la capa que marca el final del Cretácico, dicha muestra fue analizada por los químicos de Berkeley Frank Asaro y Helen Michel que encontraron una concentración inusualmente alta de Iridio, un elemento raro del grupo del platino y escaso en la corteza terrestre. El padre de Walter Álvarez, el físico Luis Álvarez ganador del premio Nobel de física en 1968 sugirió que el iridio era de origen extraterrestre y propuso un escenario de impacto con un asteroide. El estudio fue publicado en 1980 (Alvarez et. al) aportando por primera vez pruebas a la hipótesis de que los cambios ambientales producidos por dicha colisión habrían sido los responsables de la extinción masiva del Cretácico-Paleoceno. Aunque la teoría contaba con pruebas físicas como la alta concentración de Iridio, la falta de un cráter de impacto de estas dimensiones en la superficie terrestre hizo que la idea fuera recibida con cierta reticencia por parte de la comunidad científica internacional. Finalmente a partir de los trabajos realizados por los geofísicos Antonio Camargo y Glen Penfield para Petróleos Mexicanos (Pemex) en la plataforma carbonatada de Yucatán, en el Golfo de México, se pudo identificar por primera vez un cráter de alrededor de 200 kilómetros de diámetro, que fue reconocido en 1991 por Hildebrand (Hildebran et al. 1991), como el cráter de impacto Chicxulub

Monumento ubicado en el centro del cráter, en el poblado de Chicxulub Puerto, Yucatán, México. Créditos Edgar Edy Galindo (Flickr)

Otra prueba del impacto en la península de Yucatán llegaría gracias a una investigación en la que participaría la reconocida geóloga planetaria de la NASA Adriana Ocampo, una científica colombo-argentina que ha participado en diversos programas de exploración espacial. La investigación publicada en 1993 (Pope et al. 1993) concluía que los famosos cenotes (del maya «dzonot»), unas cavidades geomorfológicas rellenas de agua generalmente de forma circular, con un diámetro no mayor a un centenar de metros y muy típicas del norte de la península de Yucatán corresponderían al borde del cráter de Chicxulub, estas estructuras forman un semicírculo conocido como “anillo de cenotes” que coincide con uno de los anillos concéntricos del cráter de impacto. Estos “pozos sagrados” para los mayas se habrían formado al fracturarse las rocas de carbonato de calcio que conforman la plataforma peninsular a raíz de la colisión y serían la única evidencia en superficie del cráter que se encuentra enterrado al norte de la península de Yucatán.

Una anomalía gravimétrica (anomalía gravimétrica de Bouguer) indica rocas de diferente densidad en las profundidades de la Península de Yucatán que confirman la existencia de una estructura sepultada correspondiente al impacto de Chicxulub.  Superpuestos a la imagen se encuentran en rojo algunos de los cenotes reportados por SEDUMA Yucatán y en anaranjado los considerados como parte del “Anillo de Cenotes“. Créditos Emiliano  Monroy Ríos (2018)  https://sites.northwestern.edu/monroyrios/entradas-en-El espanol/anillo-de-cenotes/
Una anomalía gravimétrica (anomalía gravimétrica de Bouguer) indica rocas de diferente densidad en las profundidades de la Península de Yucatán que confirman la existencia de una estructura sepultada correspondiente al impacto de Chicxulub. Superpuestos a la imagen se encuentran en rojo algunos de los cenotes reportados por SEDUMA Yucatán y en anaranjado los considerados como parte del “Anillo de Cenotes“. Créditos Emiliano Monroy Ríos (2018) https://sites.northwestern.edu/monroyrios/entradas-en-El espanol/anillo-de-cenotes/

La huella del impacto en Colombia y porqué es tan importante

En 2015 un equipo internacional de investigadores liderado por el geólogo colombiano Hermann Bermúdez publicó el descubrimiento de una nueva secuencia marina correspondiente al límite K/Pg en la isla Gorgonilla, en el pacífico de Colombia (Bermudez et al. 2015).

Isla de Gorgonilla en el pacífico de Colombia. Créditos Hermann Bermúdez

La isla de Gorgonilla es un islote deshabitado de unos dos kilómetros cuadrados que junto a la isla Gorgona hacen parte del Parque Nacional Natural de Gorgona, que está ubicado a unos 35 kilómetros de la costa. Las islas hacen parte de la parte más meridional de la meseta del Caribe, que se formó hace unos 90 Ma cerca del actual punto caliente de las Galápagos, donde el magma del interior brota a través de la corteza formando volcanes sobre el suelo oceánico. En el momento del impacto de Chicxulub, el yacimiento de Gorgonilla estaba situado aproximadamente a 2.700-3.000 km al suroeste del lugar del impacto al norte de la península de Yucatán.

La isla de Gorgonilla está situada a unos 500 m al suroeste de la más grande isla Gorgona. Se encuentra cubierta por un bosque húmedo tropical y está rodeada de arrecifes coralinos. En una de sus playas aflora una delgada capa geológica de dos centímetros de espesor que puede verse lateralmente a lo largo de 20 m y que está formada por tectitas (esas pequeñas esférulas de roca) que son visibles a simple vista. Estas esférulas que tienen el aspecto de minúsculas perlas translúcidas de vidrio natural, presentan colores que varían entre el negro, el verde oliva y el color miel. Su forma puede ser completamente esférica o en forma de lágrima, de un milímetro de diámetro y se pueden encontrar separadas o aglomeradas formando grupos, lo que se interpreta como una prueba de que estaban calientes cuando chocaron, se fundieron y se hundieron en el mar.

Dentro de estas esférulas de vidrio encontramos unos pequeños cristales que tienen un material enriquecido de metales como hierro, titanio y níquel que se cree son trazas que formaban parte del asteroide y que no hacen parte de la corteza terrestre.

Tectitas del límite K/Pg de Gorgonilla. Créditos Hermann Bermúdez/Servicio Geológico Colombiano - SGC

Pero que hace único al depósito del límite K/Pg en Gorgonilla?  Son varias las razones que hacen que este hallazgo sea excepcional, primero porque esta capa es la primera evidencia del límite K/Pg que se encuentra en Suramérica y en la costa este del océano Pacífico.

Pero sin ninguna duda lo que lo hace más extraordinario es el grado de conservación de sus tectitas, ya que a pesar de tratarse de un material que se transforma rápidamente a minerales más estables, más del 90% han permanecido vítreas es decir en su estado original tal y como se acumularon hace 66 Ma.

El tamaño, la morfología y la composición química de las esférulas de Gorgonilla son similares a las halladas en Norteamérica, Centroamérica y el Caribe.

Capa de tectitas en el límite K/Pg en la isla de Gorgonilla. Créditos Hermann Bermúdez/Servicio Geológico Colombiano - SGC
Diversas formas de las tectitas de Gorgonilla. Créditos Hermann Bermúdez/Servicio Geológico Colombiano - SGC

Y como se llegó a tal grado de conservación? Después de la colisión del asteroide, las salpicaduras de roca fundida fueron expulsadas hacia la atmósfera donde se solidificarían para luego volver a caer en forma de lluvia. Las halladas en Gorgonilla (que para esa época no era una isla y formaba parte del lecho marino profundo) viajaron a 2.000 km de distancia hasta depositarse en el fondo de un océano a más de 2 kilómetros de profundidad, muy lejos de cualquier continente acumulándose hasta formar la capa de 2 cm de espesor que podemos ver hoy.

Esta posición en aguas profundas en el trópico del Pacífico occidental probablemente protegió el lecho de esférulas de las sucesivas olas del tsunami producidas tras el impacto asentándose en el lecho marino con una mínima perturbación.

Luego de estar bajo el mar millones de años y gracias a la colisión entre la placa del Caribe y la placa Suramericana la isla se formó emergiendo del océano dejando expuesta la capa de esférulas en superficie.

Fotografía donde la capa de esférulas está representada por esa franja de color verde, su deformación se debe a que hubo seísmos como resultado del impacto del asteroide hace 66 Ma. Créditos Hermann Bermúdez/Servicio Geológico Colombiano - SGC

Los niveles de roca que está por debajo de la secuencia de tectitas en la capa K/Pg de Gorgonilla está muy deformada, lo que indica que cuando cayó el asteroide en Chicxulub se generó un megaterremoto que sacudió todo el Hemisferio Occidental, además los análisis sedimentológicos indican que los sismos asolaron la zona hasta semanas después del impacto

Azolla filiculoides en el edificio botánico en Balboa Park en San Diego, California, Estados Unidos.
Azolla filiculoides en el edificio botánico en Balboa Park en San Diego, California, Estados Unidos.

La publicación de Renne et al. (2018) menciona el hallazgo de esporas de helechos del género Azolla por encima de la capa de tectitas lo que se ha interpretado como una señal de la recuperación de la vegetación posterior al evento K/Pg pero debemos recordar que el sitio se encontraba a 2 Km bajo el nivel del mar y a miles de kilómetros de la costa, el estudio sugiere que tierras emergidas como resultado de movimientos tectónicos producidos  por los sismos pudieron ser los hábitats de estos helechos pero creemos que hacen falta nuevos estudios para confirmar este hecho.

Ahora que conocemos los mecanismos que desencadenaron la extinción masiva del límite K/Pg, viajemos 66 Ma para revivir el acontecimiento que cambiaría para siempre la historia de la vida en nuestro  planeta…

A finales del Mesozoico Colombia era en un territorio sin montañas elevadas dominado por pantanos y bordeado por mares poco profundos, Gimnospermas como las araucarias dominaban la mayor parte de los bosques que compartían hábitat con gran variedad de plantas que incluían las plantas con flores, gracias a los fósiles encontrados en la Fm Guaduas en el altiplano Cundiboyacense  sabemos que en el Cretácico tardío las temperaturas y la precipitación eran altas.  

Durante el Maastrichtiano (Cretácico tardío) hace 72 – 66 Ma el árbol de Araucaria dominaba el dosel de la mayoría de los bosques colombianos. Créditos Guillermo Torres - Banco de Imágenes Ambientales (BIA), Instituto Alexander von Humboldt.

En los mares cercanos abundaba la vida; Mosasáuridos y tiburones  se alimentaban de una rica variedad de peces e invertebrados marinos mientras en tierra deambulaban grandes herbívoros titanosaurios y predadores abelisáuridos que compartían hábitat con otros dinosaurios más pequeños así como con cocodrilos, tortugas, serpientes, pequeños mamíferos y aves que compartían los cielos con pterosaurios.

Un lejano día hace 66 Ma un pequeño punto de luz apareció en la noche, mientras los planetas y la luna  se movían respecto a las estrellas éste permaneció fijo durante semanas haciéndose más grande y brillante a medida que su trayectoria lo dirigía en rumbo de colisión con la tierra.

Impacto inminente. Créditos Chase Stone EFE

Pocos antes del último día del mesozoico, la bola de fuego brillaba más que la luna llena siendo visible durante el día y desde cualquier punto del planeta. La vida, ajena a los acontecimientos que se dibujaban en el cielo seguía su curso. 

Si hubiésemos estado en ese bosque de araucarias en Colombia veríamos como la inmensa bola de fuego cruzaba los cielos a gran velocidad desapareciendo en el horizonte, un horizonte que instantes después se iluminaría como si el sol se estuviera tragando la tierra… había sucedido lo inevitable, un asteroide del tamaño del monte Everest había impactado en un mar poco profundo a 2.000 km de distancia desatando toda su furia en el último día del mesozoico.

Evento de extinción durante el Cretácico - Paleógeno. Autor desconocido

En el punto de impacto la deflagración inicial alcanzó temperaturas más altas que las del sol aniquilándolo todo a su alrededor, nada pudo sobrevivir en un radio de miles de kilómetros, sin embargo los organismos que vivían al otro lado del mundo “sólo” habrían sentido una serie de terremotos mientras los que vivían cerca de la costa habrían sufrido una sucesión de tsunamis y olas gigantes, pero el asteroide apenas tenía 12 km que es ínfimo comparado a los más de 12.000 km de diámetro que tiene la tierra así que el daño debería haber sido muy local y los dinosaurios podrían haber sobrevivido en otras latitudes, pero entonces ¿porqué no fue así?

 Tras el impacto el asteroide penetró 25 km en la corteza terrestre derritiéndose y evaporando la roca circundante, la pluma de impacto formada por gas y roca fundida se elevó kilómetros hacia la atmosfera formando una nube de pequeñas gotas que se solidificarían en forma de vidrio a causa de las temperaturas,  gracias a la gravedad millones y millones de esférulas regresaron de vuelta a la superficie a gran velocidad mientras ardían por la fricción con el aire formando una espectacular lluvia de estrellas que acumulaba cada vez más calor y tiñendo el cielo de rojo, las esférulas que no se desintegraban caían sobre la superficie o se depositaban en los fondos marinos, 66 Ma después algunas de estas letales esférulas serían descubiertas en un pequeño islote del Pacífico llamado Gorgonilla.

El final de una era. Créditos Douglas Henderson

La energía térmica acumulada por las tectitas en la atmósfera comenzó a irradiar hacia la superficie, las aves y los pterosaurios volaban con rumbo a ninguna parte mientras las temperaturas comenzaban a aumentar progresivamente hasta alcanzar los 1.200 ºC, ningún organismo estaba a salvo, no había coraza, escamas, plumas o piel que pudiera protegerlos, ese día la mayoría de los seres vivos que habitaban el planeta murieron incinerados en el transcurso de unas pocas horas. Si usted hubiese estado en Colombia, habría sido incinerado en menos de un segundo al mejor estilo de una película de Hollywood, parece irreal pero sucedió!

En el mar la situación no era muy diferente, las criaturas que habitaban a menos de 90 m de la superficie morirían víctimas del intenso calor y la acidificación de las aguas, mientras en la superficie sólo aquellos que vivían en madrigueras bajo tierra sobrevivirían a las temperaturas extremas de la superficie y al posterior invierno nuclear que marcaron el final del Cretácico.

Aunque aquel día nuestro planeta vivió lo más parecido a un Armagedón la vida se abrió paso de nuevo, los supervivientes salieron a la superficie  para conquistar nuevos ecosistemas marcando el inicio de la era de los mamíferos.

¿Podría volver a ocurrir? Sobreviviríamos a un evento similar o desapareceríamos para siempre como pasó con los dinosaurios?

La supervivencia de los más pequeños. Créditos Douglas Henderson

Documentales

Para complementar la entrada, les compartimos una serie de documentales  sobre el impacto de Chicxulub y el límite K/Pg :

“CRETÁCICO – Descifrando el Fin de los Dinosaurios”, documental basado en la expedición 364 del IODP-ICDP, un proyecto de investigación internacional que en 2016 perforó el anillo de picos del cráter Chicxulub.

«CHICXULUB El meteorito que cambió al mundo» de la Fundación UNAM 2020

Los invito a conocer más sobre el proyecto que se encarga del estudio y divulgación del yacimiento de tectitas del límite K/Pg de Gorgonilla visitando https://paleoexplorer.net/projects

 

Agradecimientos:

Quiero dar las gracias a un revisor anónimo por sus valiosos consejos y comentarios y al personal del Banco de Imágenes Ambientales (BIA) del Instituto Alexander von Humboldt por autorizarnos la utilización de las imágenes del libro «Hace Tiempo». 

Te invitamos a conocer más del trabajo de los paleoilustradores cuyas imágenes acompañan esta entrada visitando su páginas Web:

Referencias

Alvarez, L. W., Alvarez, W., Asaro, F., & Michel, H. V. (1980). Extraterrestrial cause for the Cretaceous-Tertiary extinction. Science, 208(4448), 1095-1108.

Bermudez, H. D., Arenillas, I., Arz, J. A., Vajda, V., Renne, P. R., Gilabert, V., & Rodríguez, J. V. (2018). The Cretaceous/Paleogene boundary deposits on Gorgonilla Island. The Geology of Colombia, 3, 1-34.

Bermúdez, H. D., García, J., Stinnesbeck, W., Keller, G., Rodríguez, J. V., Hanel, M., Hopp, J., Schwarz, W. H., Trieloff, M., & Bolívar, L. (2016). The Cretaceous–Palaeogene boundary at Gorgonilla Island, Colombia, South America. Terra Nova, 28(1), 83-90.

Bermúdez, H. D., Keller, G., Stinnesbeck, W., García, J., Trieloff, M., Rodríguez, J. V., Bolívar, L., Mateo, M. P., & Adatte, T. Discovery of a pristine Chicxulub impact glass spherule deposit on Gorgonilla Island, Colombia, in the Eastern Pacific Ocean.

Bonsor, J. A., Barrett, P. M., Raven, T. J., & Cooper, N. (2020). Dinosaur diversification rates were not in decline prior to the K-Pg boundary. Royal Society open science, 7(11), 201195.

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