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OIba, Santander © La Guía de Oiba - @LaOiba

Las icnitas de Oiba, tras la pista del primer reporte de huellas de dinosaurios en Suramérica

Resumen: 

Carl Degenhardt describió en 1839 la ubicación de una posibles huellas de dinosaurios bípedos en cercanías de Oiba en el departamento de Santander en una carta dirigida al naturalista y explorador alemán Alexander v. Humboldt.  Estas huellas, sin embargo, no han sido descubiertas hasta el día de hoy. Donde estarán?   Una detallada  revisión de las publicaciones relacionadas con la Comisión Corográfica que exploró la Nueva Granada en la segunda mitad del siglo XIX así como las leyendas del folclore local nos corroboran el reporte hecho por Degenhardt en 1839.  La geología de la zona nos indica que las citadas huellas deberían encontrarse en rocas de la Formación Paja aflorantes en los alrededores del poblado de Oiba. El redescubrimiento de las pisadas dejadas por dinosaurios en rocas de la Cordillera Oriental sería de gran interés científico por tratarse de uno de los primeros reportes de este tipo a nivel mundial y que con un correcto manejo por parte de las comunidades locales puede convertirse en un atractivo turístico de relevancia nacional.

Mapa de la República de la Nueva Granada y sus provincias 1832 - 1856. Biblioteca virtual Banco de la República

En esta primera entrada del nuevo proyecto de divulgación, quiero rescatar una historia poco conocida pero de mucho significado para la historia de la icnología mundial y que tuvo lugar en nuestro país hace 182 años, pero que debido a una serie de errores cayó en el olvido, y es que uno de los primeros reportes de huellas de dinosaurios de todo el mundo fue realizado en la entonces República de la Nueva Granada en el año 1839 por el ingeniero alemán y experto en minería, Carl Degenhardt.

Breve reseña sobre la aportación alemana a la industrialización de la Nueva Granada en la primera mitad del siglo XIX

«Coalbrookdale by Night», pintura al óleo de 1.801 que retrata la localidad de Coalbrookdale, considerada cuna de la Revolución Industrial. Obra del pintor inglés Philip James de Loutherbourg.
«Coalbrookdale by Night», pintura al óleo de 1.801 que retrata la localidad de Coalbrookdale, considerada cuna de la Revolución Industrial. Obra del pintor inglés Philip James de Loutherbourg.

La revolución industrial se inició a finales del siglo XVIII en el Reino Unido y se expandió rápidamente por Europa occidental y la América anglosajona, llegando algo más tarde a Latinoamérica. En nuestro país es muy notable el aporte de ciudadanos alemanes (en ese entonces Reino de Prusia) a la industrialización del país, uno estos ciudadanos era Carl Degenhardt, un ingeniero procedente de la ciudad minera de Clausthal-Zellerfeld que llegó a Latinoamérica en 1825 y que al igual que Alexander von Humboldt, era egresado de la Academia de Minería de Freiberg conocida en la actualidad como Universidad Técnica de Freiberg.

Humboldt representado en Bogotá, al fondo Guadalupe y Monserrate. Obra de Inés Acevedo Biester (1959) según el cuadro de Karl Begas

Degenhardt jugó un importante papel en el desarrollo de la minería en Colombia promoviendo la apertura de nuevas minas llegando a ser asesor en la minería del oro en el año 1830 y desempeñando un notable papel como administrador de las conocidas minas de oro de Marmato (Vega de Supía), ubicadas en el departamento de Caldas. Parte de su obra comprende además estudios geológicos, meteorológicos y arqueológicos en Tolima, Caldas, Bolívar, Santander y Antioquia donde realizó trabajos sobre los manantiales de aguas salinas del departamento y sobre la geología de los alrededores de Medellín, llegando a proponer en 1843 la creación de un mapa minero de Antioquia, Mariquita y Cauca al gobierno nacional de ese momento.

El descubrimiento de Degenhardt, su olvido y un error enmendado 160 años después

En 1839 mientras realizaba una exploración geológica, en la provincia del Socorro (actual departamento de Santander) Degenhardt quien claramente tenía una buena formación en Geognosia (término actualmente en desuso muy común durante los siglos XVIII y XIX que designa a la parte de la geología que estudia la estructura y composición de las rocas)  reporta el hallazgo de grandes huellas de ave en capas de arenisca roja cerca de la población de Oiba. Siendo consciente de la importancia de su hallazgo, lo reporta al naturalista Alexander von Humboldt mediante una carta fechada el 1 de noviembre de 1839.  En base a esa carta -donde se narran otros acontecimientos geográficos y meteorológicos del país-, el meteorólogo y geógrafo alemán Wilh Mahlmann publica en 1840 en el boletín de la Sociedad Geográfica de Berlín “Monatsberichte über die verhandlungen der Gesellschaft für erdkunde zu Berlin” la referencia del hallazgo de Degenhardt;

Herr with Mahlmann:  Geognostische und meteorologische Notizen aus einem Schreiben des Bergwerks-Directors  Herrn Carl Degenhardt an Herrn Baron v. Humboldt , d.d. Marmato (Prov. Popayan) d. 1 November 1839

Eine schöne geognostische Entdeckung darf ich ebenfalls nicht übergehen: Es ist bekannt, dafs England Thierspuren aufzuweisen hat, die den berühmten und ganz unzweifelhaften  Thierspuren von Hildburghausen  ganz identish sind; Herr v. Humboldt hat Stücke aus Nord Amerika mit Vögel-Fufstritten in dem hiesigen Cabinet  deponirt. Nun hat auch Sud Amerika dergleichen aufzuweisen. Herr Degenhartd fand nämlich Abdrücke grofser Fufstritte von Vögeln in der Nachbasschaft von Oiva, Provinz Socorro, auf der Spitze eines Gebirgrückens, Cuchilla de las pesuñas de Venado (*) genannt, und in einem Bache, Quebrada (Schlucht) Paloblanco, im rothen Sandstein etwa 5000 über dem Meere. Er fertigt davon eine zeichnung an, welche er in Kurzem nachsenden wird.

(*) pesuña heißt Huf, also Felsrücken (cuchilla) der Hufe oder Fusstritte der Hirsche. Hier vermuthete also schon längst das gemeine Volk die Ursache eines so interessauten Phänomens.

Aquí la traducción del texto:

Mahlmann: Notas geognósticas y meteorológicas de una carta del director de minería Sr. Carl Degenhardt al Sr. Baron v. Humboldt, Marmato (Provincia de Popayán) 1 de noviembre de 1839

Tampoco debo pasar por alto un bonito descubrimiento geognóstico: se sabe que Inglaterra tiene huellas de animales que son idénticas a las famosas e indudables huellas de Hildburghausen (Alemania); el Sr. v. Humboldt ha depositado en el gabinete local piezas con huellas de aves de América del Norte.  Ahora América del Sur también puede mostrar algo parecido. El Sr. Degenhartd encontró impresiones de grandes pisadas de aves en la cuenca posterior de Oiva, provincia del Socorro, en la cima de una cresta de montaña, llamada Cuchilla de las pesuñas de Venado (*), y en un arroyo, la Quebrada Paloblanco, en la arenisca roja a unos 5.000 pies (1.524 metros) sobre el mar. Está preparando un dibujo que enviará en breve.

(*) pesuña significa las crestas (cuchillas) de las pezuñas o los pasos del venado. Aquí los pobladores han sospechado durante mucho tiempo sobre la causa de un fenómeno tan interesante.

Extracto de la carta enviada por Degenhardt a Humboldt en 1839 donde le describe el hallazgo de grandes huellas de aves en cercanías de Oiba. En la misma podemos apreciar claramente las palabras “Oiva”, “cuchillas de las pesuñas del venado” o “Quebrada Palo blanco”
Portada del magazín “Monatsberichte über die verhandlungen der Gesellschaft für erdkunde zu Berlin” de 1840.
Portada del magazín “Monatsberichte über die verhandlungen der Gesellschaft für erdkunde zu Berlin” de 1840.

Ese mismo año la publicación “Neues Jahrbuch für Mineralogie, Geognosie, Geologie, und Petrefaktenkunde”, una de las revistas geológicas más importantes de la época publica una corta referencia del hallazgo basándose en un artículo publicado por un periódico de la época:

 Degenhard: Fußspuren eines Vogels im roten Sandstein in Mexiko

Degenhardt entdeckte unfern Oiva , Provinz Socorro in Mexico auf der Spitze eines Gebirgs-Rückens, grosse Fuss-Tritte von Vögeln in einem Bache im rothen Sandstein. Die Stelle liegt in

einer Höhe von 5000 Füssen. Das Volk bezeichnet jenen Gebirgs-Rücken mit dem Ausdrucke: Cuchilla de las Pesunas del Venado, Fels-Rücken der Hirsch-Hufen. (Zeitungs-Nachricht.)”

 Aquí la traducción del texto:

“Degenhard: Huellas de un ave en la arenisca roja en México

 Degenhardt descubrió no muy lejos de Oiva, provincia del Socorro en México, en la cima de una montaña, grandes pisadas de pájaros en un arroyo de arenisca roja. El sitio está a una altitud de 5000 pies (1.524 m). Las personas llaman esa cresta con la expresión: Cuchilla de las Pesuñas del Venado, la cresta rocosa de los cascos de los ciervos. (Información tomada de un periódico) «

Portada del Magazín “Neues Jahrbuch für Mineralogie, Geognosie, Geologie, und Petrefaktenkunde” de 1840
Portada del Magazín “Neues Jahrbuch für Mineralogie, Geognosie, Geologie, und Petrefaktenkunde” de 1840

Desafortunadamente una serie de errores hace que el reporte de las huellas encontradas en Colombia caiga en el olvido. El primero de ellos se produce cuando el reporte basado en la carta enviada por Degenhardt  se publica en el “Monatsberichte” un boletín geográfico y no geológico lo que claramente impide que la difusión del descubrimiento se de a conocer en los círculos académicos correspondientes ya que eran los geólogos los principales interesados en este tipo de hallazgos, y el segundo y más grave error ocurre cuando la corta e incompleta publicación del “Neues Jahrbuch” que sí era una revista geológica publica la noticia del hallazgo tomando como referencia un artículo de un periódico que además de estar incompleto, ubica erróneamente el hallazgo en México y no en Colombia, todas las citas  posteriores que se hacen eco de este descubrimiento tomaran como referencia esta publicación perpetuando el error durante más de un siglo y medio.

Provincia del Socorro 1843. Cortesía Archivo General de la Nación.
Provincia del Socorro 1843. Cortesía Archivo General de la Nación.

Tuvieron que pasar 160 años para que el paleontólogo francés Eric Buffetaut, mediante una publicación en el año 2000 corrigiera el error. En dicha publicación Buffetaut menciona que en una  revisión sobre la historia del descubrimiento de huellas de dinosaurios llevada a cabo  por el paleontólogo británico Richard A. Thulborn en 1991, se menciona que las primeras huellas de dinosaurios reportadas por primera vez en México se realizaron en 1978, pero comenta que «existe una mención mucho más temprana de grandes huellas de aves en México y que posiblemente podría tratarse de uno de los primeros descubrimientos de huellas de dinosaurios realizados en todo el mundo, aunque hasta ahora ha resultado imposible localizar el informe original”, la referencia que utiliza Thulborn es la que aparece en el corto y erróneo reporte del “Neues Jahrbuch für Mineralogie, Geognosie, Geologie, und Petrefaktenkunde” de 1840 y que también se utilizó como base para un breve capítulo en “Historie de l’ichnologie” de Winkler (1886), además de figurar en la bibliografía del “Fossilium catalogus 1: Ichnia tetrapodorum” de Oscar Kuhn (1963), afortunadamente una revisión de la bibliografía y una intensa búsqueda literaria llevan a Buffetaut al redescubrimiento de la publicación original del informe de Degenhardt. La pista definitiva la encontró en un breve informe del boletín de la Sociedad geológica de Francia (Société Géologique de France) publicado en 1844 cuyo origen era una extensa carta enviada en julio de 1843 por uno de los fundadores de dicha sociedad, el médico y geólogo austriaco Ami Boué al geógrafo francés Auguste Viquesnel y que fue leída ante dicha sociedad el 6 de noviembre de 1843, en una parte de la misiva se hacía referencia al descubrimiento de Degenhardt:

“M. Degenhardt announce des impressions de pas d’oiseaux dans un grès rouge, sur le Quebrada Paloblanco, à la sommité de la crêtede Cuchilla de las pesunnas [sic] del venado (mot à mot: crete des pas de cerf), près d’Oiva, province Socorro, dans la Colombie(Amérique méridionale). Ces impressions de pas, laissées par de grands oiseaux, se trouvent à 5000 pieds de hauteur absolute au-dessus de la mer”.

Aquí la traducción del texto:

 “El Sr. Degenhardt informa acerca de huellas de pájaros en areniscas rojas, en la quebrada Paloblanco, en la Cumbre de la cresta Cuchilla de las pesuñas de venado, cerca de oiva, provincia del Socorro en Colombia (América del Sur). Estas huellas, hechas por pájaros grandes, están a una altura absoluta de 5000 pies sobre el nivel del mar.”

Al parecer la carta fue enviada por Boué desde Berlín y habla sobre todo de la recién fundada Sociedad Geográfica de Berlín y su Boletín, el “Monatsberichte über die verhandlungen der Gesellschaft für erdkunde zu Berlin” y aunque no lo dice específicamente, da a entender que el hallazgo de Degenhardt había sido reportado por primera vez en ese boletín en 1840 basándose en la carta enviada por Degenhardt a Humboldt en 1839. En esa publicación, Mahlmann explica cómo Degenhardt había llegado a Marmato, en la provincia de Popayán el 19 de abril de 1839, después de haber viajado desde Liverpool a Santa Marta y que venía para asumir el cargo de director de la empresa británica que administraba las minas de la Vega de Supía

Municipio de Marmato, en el departamento de Caldas, al pie de la montaña que esconde una de las reservas de oro más grandes del planeta. Créditos Mark Grieco, director del documental "Marmato" grabado en 2014 y que muestra la lucha de los mineros locales para exigir que gran parte del beneficio de la actividad minera se invierta en la zona y beneficie a la economía local

Cabe anotar que durante una estadía previa en Colombia, Degenhardt había recolectado invertebrados fósiles en varias partes del país y llevado las colecciones a Berlín y a su natal Clausthal; algunos de esos invertebrados fueron descritos por el geólogo y paleontólogo alemán Leopold von Buch, quien nombró una especie de amonita Hamites degenharditi, en honor a Degenhardt.

Aunque en la publicación“Monatsberichte über die verhandlungen der Gesellschaft für erdkunde zu Berlin”  en el apartado donde se menciona el hallazgo de Oiba se informa que dicha población pertenece a la provincia del Socorro, no se cita expresamente que el hallazgo hubiera sido realizado en Colombia,  sin embargo en esa misma publicación sí se citan además de las ya mencionadas Santa Marta, Popayán y Marmato, la ciudad de Bogotá o incluso la propia Nueva Granada, de esta manera y habiendo llegado a la fuente original del descubrimiento de Degenhardt, Buffetaut certifica que el lugar exacto del hallazgo de “improntas de ave” ocurrió en Colombia y no en México.

Eric Buffetaut paleontólogo francés autor de la publicación que en el año 2000 ubicó correctamente las huellas descubiertas en 1839 por Degenhardt en Colombia y no en México.

Importancia de los hallazgos, las primeras huellas de dinosaurios de Sudamérica - Contexto Histórico del descubrimiento

Contexto Histórico del descubrimiento

Recordemos que para cuando Degenhardt realiza el descubrimiento en las cercanías de Oiba, la palabra dinosaurio no existía ya que esta sería propuesta por el naturalista británico Richard Owen en 1841 y dicho término no se popularizaría hasta mucho tiempo después, además, sólo unos pocos años antes (1824),  William Buckland había nombrado el primer dinosaurio de la historia, bautizado como Megalosaurus en base a un fragmento de mandíbula con un gran diente incrustado descubierto en el sudeste del Reino Unido; y en lo que a huellas se refiere, el primer reporte de huellas de tetrápodos descubierto en Europa lo realizó Henry Duncan en 1828 cuando reportó ante la Royal Society of Edinburgh el descubrimiento de pisadas de vertebrados cuadrúpedos en areniscas del Pérmico, cerca de Lochmaben, Escocia. Los primeros reportes que hoy sabemos son atribuibles a rastros de dinosaurios en Norteamérica fueron realizados por el reverendo Edward Hitchcock  en el valle de Connecticut en 1836 mientras en Reino Unido el primer reporte lo realiza Edward Tagart en 1846 cuando presenta ante la Geological Society of London una única huella proveniente de las areniscas de Hastings, condado de Sussex. En el caso de estos primeros reportes de huellas tridáctilas era frecuente identificarlas como realizadas por grandes aves, de hecho cuando Edward Hitchcock  muere en 1864 estaba convencido que las  huellas que describió en el Triásico y Jurásico de Nueva Inglaterra (Estados Unidos) habían sido realizadas por aves, lo mismo ocurrió cuando se descubrieron las primeras huellas de dinosaurios en el continente africano en 1880 en el sur de Argelia y que  fueron atribuidas a grandes aves, por lo tanto no es de extrañar que cuando Degenhardt le reporta su hallazgo a Alexander von Humboldt en 1839, se refiriera al hallazgo de Oiba como “grandes huellas de pájaros” pues era una analogía común en esos primeros años de investigación paleontológica. Recalcar que las “huellas de pájaros” procedentes de América del Norte y que fueron depositadas por Alexander von Humboldt en el gabinete de Historia Natural de Berlín mencionadas por Mahlmann en 1840, son huellas de dinosaurios; lo curioso de aquellos primeros descubrimientos donde se afirmaban que aquellas huellas habían sido hechas por “grandes aves”, es que ahora sabemos que durante el Jurásico las aves evolucionaron de pequeños dinosaurios terópodos, más concretamente de un grupo de celurosaurios especializados.

Tipos de icnitas en dinosaurios bípedos.
Tipos de icnitas en dinosaurios bípedos.

A pesar que en la publicación de Mahlmann en el  “Monatsberichte” de 1840 se menciona que Degenhardt estaba preparando un dibujo de las huellas que enviaría “en breve”, no se ha podido determinar si completó alguna vez dicho dibujo ya que no hay registro de tal publicación, algo desafortunado pues facilitaría mucho la interpretación de dichas huellas ya que aunque la descripción de que habían sido hechas por pájaros grandes sugiere que efectivamente se trataría de huellas de tres dedos de dinosaurios bípedos, hasta que no se redescubran las  huellas no podremos asegurar con total seguridad que se trata de dinosaurios terópodos, pues los dinosaurios ornitópodos también dejaron improntas de tres de dos y su diferenciación no siempre es tan evidente.

Aunque tal y como acabamos de ver, es en la primera mitad del siglo XIX cuando se estaban dando los primeros pasos de lo que hoy conocemos como paleontología de dinosaurios, sabemos que en épocas anteriores, diferentes culturas en diferentes partes del mundo, realizaron descubrimientos de grandes huesos, dientes y cráneos que fueron atribuidos a dragones y otros seres mitológicos, así mismo las grandes huellas encontradas en la roca confirmaban la existencia de estos seres que terminaron formando parte del Imaginario popular,  leyendas y mitos aún hoy hacen parte del folklore de muchas regiones, y las de Oiba no son la excepción pues con anterioridad al reporte de Degenhardt, la gente de la zona asoció las huellas grabadas en la piedra como hechas por venados, una explicación práctica basada en una especie de animal salvaje local o como veremos más adelante, basándose en leyendas que cuentan que dichas huellas fueron dejadas por el diablo transformado en venado mientras huía de un cazador que no respetó las costumbres católicas durante la celebración del viernes santo

Una pista inesperada de 1853: los viajes de Manuel Ancízar

Mientras preparaba este post en pleno confinamiento mundial a causa de la pandemia de la Covid-19, recibí un mensaje en la página de Facebook, donde un muchacho que es guía en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y al que agradezco haberse puesto en contacto conmigo, me preguntaba si tenía más información con relación al artículo de Buffetaut, y en el intercambio de mensajes me comentó sobre algunas referencias que aparecían en un libro de 1853 llamado: “Peregrinación de Alpha por las provincias del norte de la Nueva Granada (en 1850 i 51)”.

Manuel Ancízar (1812 – 1882)
Manuel Ancízar (1812 – 1882)

Después de una búsqueda por internet, pude hacerme con una copia del citado libro escrito por “Alpha”, pseudónimo de Manuel Ancízar Basterra un escritor, abogado, político, educador y periodista colombiano -cuya vida y obra les recomiendo leer- que en el año 1850 se  incorpora a la famosa “Comisión Corográfica de la Nueva Granada”.

La Comisión Corográfica fue un proyecto científico formado en 1849 por el gobierno de la República de la Nueva Granada y encargado al ingeniero militar italiano Agustín Codazzi en 1850. La comisión que agrupaba ingenieros y geógrafos estaba encargada de realizar un minucioso estudio de varios aspectos del territorio:  la Geografía, encargada de describir de forma detallada los accidentes geográficos, la Cartografía, encargada de detallar los límites territoriales de cada región, los recursos naturales, las rutas comerciales, la historia natural, la cultura y la economía de la Nueva Granada, informes necesarios para conocer en profundidad el territorio nacional en un periodo de guerras y desestabilización  política..

Ancízar presenta una visión detallada de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Santander, que fueron los que visitó en su trabajo para la comisión en la cual era el encargado de las descripciones y estadísticas, aunque otros temas de su interés fueron las costumbres locales, la música, las culturas típicas regionales, los recursos naturales, los cultivos, los paisajes de instrucción política y la relación de las personas con la iglesia, y es gracias a su participación en dicha empresa científica que escribe uno de los libros más importantes de Colombia en el siglo XIX, “La peregrinación de Alpha por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850-1851” , un hito literario sobre el estudio del cambio social en Colombia, pues propone crear una nueva cultura colombiana basada en nuestras raíces indígenas y españolas. En el libro se plantea un análisis holístico (global) que analiza en su conjunto a toda la sociedad colombiana de la época con el objetivo de hacer una radiografía de conocimiento antropológico y sociológico del territorio y sus habitantes.  

Campamento de la Comisión Corográfica en Yarumito, provincia de Soto, Santander.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto que les acabo de explicar con el hallazgo de Degenhardt en Oiba?, a continuación un extracto muy interesante del libro “La peregrinación de Alpha” a su paso por Oiba, provincia del Socorro en 1850:

“A este rumbo queda la capital (Socorro) respecto de Oiba, de donde parten para ella tres caminos: el que se dirige al Este pasa cerca de Confines (antiguo Culatas) y mide cinco leguas y media; el del norte, de cinco leguas y un tercio, siguiendo el filo de una larga colina; y el que toma al Oeste en demanda de Guapotá y Chima, corta el río Suárez o Sarabíta, por cuya margen izquierda continúa hasta Simacota, y de aquí hacia el Eeste vuelve a cortar el Sarabita y termina en el Socorro medidas ocho leguas granadinas; es el más fatigoso y quebrado de los tres y el que mayor tiempo consume, tanto por su longitud, los recuestos y pedregales, como por las dificultades y dilaciones en los pasos del río, caudaloso y sin puentes en aquellos parajes.

Emprendimos marcha por el del medio, deseosos de examinar unas lajas que decían marcadas con huellas de animales, particularmente la llamada Piedra de la Pezuña, objeto de una tradición disparatada. Cuentan que cierto cazador de venados, más atento a su oficio aventurero que a cumplir con las obligaciones del culto religioso, llevó su impiedad hasta entregarse a la cacería un Viernes Santo. El diablo, que entonces no dormía, le esperaba, transformado en ciervo, dentro de un bosquecillo donde los diligentes perros condujeron al cazador, comenzando desde allí una serie de carreras desesperadas a través de montes y vallados que el pseudoanimal salvaba con diabólica presteza, dirigiéndose a la mitad de un cerro peinado en barranco vertical sobre el río Suárez. Alegre el cazador al ver aquella falsa evolución que le aseguraba la presa, se apresuró a cortarle la retirada animando a los perros con gritos e interjecciones que hacían ruborizar al ciervo mismo, el cual cuando hubo llegado a la orilla del precipicio afirmó las patas en una laja grande y dio un salto de seis leguas por encima del río Suárez y vegas adyacentes, yendo a perderse entre los barzales de la serranía del oeste y dejando detrás de sí al absorto cazador, envuelto en un torbellino de humo de azufre, según la costumbre inmemorial y característica de los diablos. Despejada la atmósfera viose la laja marcada con la impresión profunda de las patas del exciervo, como todavía puede verlo quienquiera en la famosa Piedra de la Pezuña, la cual, hablando en prosa, no es sino una ancha piedra caliza en cuya superficie ha labrado la intemperie pequeñas depresiones que la imaginación supersticiosa convirtió en huellas sobrenaturales. Cerca de allí corre un arroyuelo sobre un lecho de lajas análogas a la anterior, marcadas profundamente con depresiones semejantes, sin orden ni alternación alguna, de modo que ni representan pasos de animales, ni tienen la menor importancia para el geólogo.”

En el relato de “La peregrinación de Alpha” se nos dan una serie de pistas que parecen confirmar lo que Degenhardt había reportado 11 años antes.

En primer lugar se menciona que la expedición que va camino de Socorro, capital de la provincia  decide tomar por uno de los  tres caminos posibles “el del medio”, pues están interesados en examinar unas lajas (rocas metamórficas o sedimentarias normalmente lisas y planas) que se encuentran  marcadas con huellas de animales; especialmente les interesa ver la conocida como “Piedra de la Pezuña”, que según la leyenda local tienen su origen cuando un cazador de venados sale a cazar un viernes santo y se le aparece el diablo transformado en ciervo, el cazador -sin saber que era el mismísimo príncipe de las tinieblas-, empieza a perseguirlo junto a sus perros hasta que lo acorralan en un precipicio sobre el río Suárez, éste al verse acorralado fija sus patas en la laja y da un salto de 6 leguas (30 km) sobre dicho río, perdiéndose entre “torbellinos de humo de azufre” en dirección a la serranía del oeste, cuando  dicho humo se disipó, quedaron grabadas en la piedra las huellas de las patas del animal. Otro apartado interesante del relato de Ancízar es cuando se menciona que cerca de allí, corre un pequeño arroyo sobre un lecho de lajas similares a las descritas anteriormente, con  depresiones marcadas profundamente sobre la roca. En este punto cabe destacar la similitud entre el relato de Ancízar y el reporte de Degenhardt, recordemos que éste habla del hallazgo de impresiones de grandes pisadas de aves en la cima de una cresta de montaña, llamada “Cuchilla de las pesuñas de Venado” y en un arroyo llamado “Quebrada Paloblanco”.

La similitud entre ambos relatos parece indicar que efectivamente se trata del mismo lugar que había visitado Degenhardt años antes. Es interesante la similitud del nombre “Cuchilla de las pesuñas de venado”, con el que reporta Ancízar “Piedra de la Pezuña”,  pues en ambos, se mezclan todos los elementos que forman ambos nombres, y se confirma además que lo que describió Degenhardt fueron dos hallazgos diferentes, uno en la cresta de una montaña y el otro en la quebrada Paloblanco cerca del primero, tal y como lo describe también Ancízar aunque sin mencionar el nombre de dicho arroyo.

Gracias a las nuevas pistas de la narración de Ancízar y partiendo de la base que ambos relatos describen un mismo hecho pero con dos puntos de vista diferentes, me di a la tarea de buscar alguna referencia geográfica actual de los nombres citados en ambos informes,  desafortunadamente mi búsqueda fue infructuosa, pues no encontré mención alguna a nombres como “Cuchilla de las pesuñas de venado” o “Piedra de la Pezuña” , ninguno de ellos aparece en los mapas actuales  ni en las planchas topográficas del SGC; mención aparte merece la “Quebrada Paloblanco” citada por Degenhardt pues aunque tampoco aparece en ningún mapa Hidrográfico de la zona, si debemos anotar que a pocos kilómetros al norte de Oiba existe una vereda con el nombre Paloblanco, y en los alrededores de la misma aparecen una serie de arroyos y caños sin nombre, por lo que casi con total seguridad una de estas quebradas corresponde a la quebrada Paloblanco mencionada por Degenhardt y sea conocida con ese nombre sólo por los pobladores locales.

Al no encontrar información en los mapas actuales, decidí escribir (con poca fe he de confesar) al Instituto Geográfico Agustín Codazzi y al Archivo General de la Nación para ver si podía tener de alguna manera acceso a un mapa con las vías de comunicación que tenía la República de la Nueva Granada entre los años 1835 a 1840, en especial lo que en ese entonces era la provincia del Socorro, y para mi sorpresa en pocos días recibí respuesta de ambas instituciones, especialmente útiles fueron los mapas enviados por  la coordinadora del Grupo de Investigación y Fondos Documentales Históricos del Archivo General de la Nación, tres mapas de la provincia del Socorro realizados en los años 1843, 1850 y 1864, estos dos últimos realizados por la mismísima Comisión Corográfica, especial interés me generaba el mapa de 1850 pues era el año en que Manuel Ancízar se había incorporado en dicha Comisión por lo que si había alguna pista tenía que estar allí, y efectivamente así fue, en dicho mapa (y sólo en este) se encuentra un sitio al norte de Oiba y relativamente cerca de la población de Guapetá, identificado con el nombre de “Pezuña”, en el mapa se pueden apreciar además tal y como lo indica la narración de Ancízar en “La peregrinación de Alpha”, los tres caminos que parten de Oiba con dirección a Socorro; el del Este que pasa cerca de la población de Confines y que haría parte de la actual carretera que comunica Oiba con Socorro, el del Oeste en dirección Guapotá y Chima, y el camino del “medio” que tomó Manuel Ancízar y la Comisión Corográfica con el objetivo de examinar las rocas donde según contaba la leyenda, el diablo transformado en venado había dejado sus huellas, el mapa no dejaba lugar a dudas, el sitio marcado con el nombre “Pezuña” debería ser el llamado “Piedra de la Pezuña” del relato de Ancízar, y si los relatos de Ancízar y Degenhardt narraban los mismos hechos, esta era también la ubicación de la “Cuchilla de las pesuñas de Venado” donde Degenhardt había observado huellas de “grandes aves” en 1839.

Mapa de la provincia del Socorro del año 1850 donde se hace referencia al sitio mencionado cómo “Pezuña” justo al norte de Oiba. Cortesía Archivo General de la Nación.

Una vez localizado el sitio en el mapa de 1850, quise indagar más sobre el nombre “Pezuña”  con el que figuraba dicho accidente geográfico y fue así como di con otra publicación de 1856 también dentro del proyecto científico de la Comisión Corográfica titulada “Jeografía física i política de las provincias de la Nueva Granada” y que eran nada más ni nada menos que los informes impresos de dicha Comisión.

En la página 15 del informe en el que se hace referencia a la provincia del Socorro se citan los principales cerros de la provincia y su altura correspondiente, y en la lista aparece el “Alto Pezuña” con una altura de 1.686 m s. n. m. (recordemos que en el informe de Degenhardt se menciona que el hallazgo se produce a 5.000 pies de altura, es decir unos 1.524 m s. n. m. ) , también se menciona dicho cerro en las páginas 24, 34, 56 y 57 de dicho informe, como parte de los itinerarios que parten de Oiba hacia el norte de la provincia (y V.v) usando siempre el “camino del medio” citado por Ancízar: Socorro a Cerinza (por Oiba), Oiba a Socorro, Oiba a Confines, Oiba a Páramo, Oiba a Pinchote, Oiba Las Palmas y Oiba a San Gil, en todos los trayectos se indica que la distancia de Oiba al “Alto Pezuña” es de 1 5/10  leguas granadinas (6,250 varas granadinas), es decir unos 7,4 Km aproximadamente, además en la página 57 donde se describe la ruta desde Oiba hacia el distrito parroquial del cantón del Socorro  (Palmas, en la actualidad población de Palmas del Socorro) se dan las siguientes indicaciones:

“se deja a la derecha el camino que va a la pezuña, i a la izquierda se sube por una pendiente suave, hasta la esplanada, por cuya falda va el camino bueno i con algunos altos i bajos. Pásanse 4 quebradas ántes de llegar a este pueblo (Palmas), donde hai lo necesario para tropa”

Según estas indicaciones “Alto Pezuña” se encuentra a 7,4  kilómetros aproximadamente en el margen derecho de la antigua ruta que de Oiba llevaba a Palmas de Socorro, justo a la misma distancia que se encuentra la vereda Paloblanco del casco urbano de Oiba, 7,5 Km.

Portada del informe de la Comisión Corográfica "Jeografía física i política de las provincias de la Nueva Granada" - 1856

Pese a que la obra de Ancízar aporta información que parece corroborar el reporte de Degenhardt, hay partes del relato parecen no encajar con el mismo, por ejemplo cuando habla de la parte de la leyenda que dice que el cazador acorraló al diablo  encarnado en forma de venado en un precipicio a orillas del rio Suarez, y saltó 6 leguas ( casi 30 km) por encima del mismo para perderse en la serranía del Oeste, lo cierto es que el río Suárez se encuentra aproximadamente a 9 km en línea recta y en su punto más cercano al casco urbano de Oiba y siguiendo las trochas y caminos de la época el recorrido sería seguramente mucho mayor,  pero no podemos olvidar que los mitos y las leyendas son relatos transmitidos de forma oral y de generación en generación que, de una u otra manera han modelado hechos reales pero exagerados para darle mayor trascendencia al hecho que se quiere contar, por lo que esa parte del relato podría corresponder a esa parte donde mito y realidad se difuminan.

Otro punto que da al traste con la veracidad del relato es la parte final donde Ancízar afirma rotundamente que las huellas que ha visto no representan pasos de animales y remarca literalmente que “no tienen la menor importancia para el geólogo”, si tal afirmación fuera cierta entonces lo que vio Degenhardt en la cresta de esa montaña no serían más que simples marcas en la roca, aunque debemos recordar que Degenhardt era ingeniero minero con amplia experiencia en geología y paleontología y con una buena formación en geognosia. En este punto quiero resaltar que a 19 km al oeste de Oiba, en dirección al municipio de Guadalupe, se encuentra una quebrada conocida como “Las Gachas”, cuyas aguas transcurren sobre una gran laja en la cual se han formado una serie de depresiones que forman pequeñas piscinas naturales, el color rojo de la roca le da una tonalidad rojiza al agua, este sitio es conocido como el “caño cristales santandereano” y es muy frecuentado por aquellas personas amantes de la naturaleza. La Quebrada Paloblanco mencionada por Degenhardt podría tener un aspecto similar al de la quebrada las Gachas aunque mucho más pequeña.

Más pistas...

Además de la leyenda mencionada en el relato de “La peregrinación de Alpha”, existe al menos otro relato que habla de marcas dejadas por «el diablo» en la zona, éste se encuentra recogida en el libro “Oiba entre la historia y la leyenda” escrito por  la docente Dora Mieles (2016) y es narrada por el señor Luis Salcedo, habitante de la zona:

“La piedra del diablo en San Vicente

Cuando yo era niño, mi madre me contó que en la vereda San Vicente el diablo tuvo un enfrentamiento con la Virgen, en el camino antiguo de la vereda. Era tarde la noche y un borracho subía del pueblo y el diablo queriendo asustarlo, lo persiguió por largo tiempo hasta que éste repuesto del susto , empezó a invocar a la santísima virgen, justo debajo de un frondoso árbol. La Virgen hizo su aparición en el lugar y lucho contra el demonio. El diablo vencido salió corriendo y se agarró de una piedra que había debajo del árbol, donde quedaron grabadas sus huellas para siempre.

A partir de ese día se dice que el diablo se aparecía en aquel lugar asustando a todo el que pasaba por allí, como forma de venganza por la burla que sufrió por culpa del habitante de Macanal. Para librarse de la presencia del demonio, en ese  lugar se hizo una capillita a la santísima Virgen, donde con frecuencia se celebran misas en esa vereda.”

Cabe recalcar que la vereda San Vicente se encuentra a pocos kilómetros de la vereda Paloblanco.

Piedra del diablo en la Vereda San Vicente, Cortesía Víctor Jimenez

También existe un espectacular mirador próximo a Oiba y muy cerca del rio Suarez en la vecina población de Chima, conocido con el sugerente nombre de: “Mirador la pata del diablo”, donde al parecer también hay arte rupestre, en la fotografía inferior se observa lo que parece ser una forma humana grabada en la roca.

Mirador La Pata del diablo, Chima, Santander. Créditos Jairo Quiroga @jair_jq

Nuevamente aparecen las similitudes con el relato de Ancízar, que nos habla sobre «marcas dejadas por el diablo» en las rocas de los alrededores de Oiba, algo que confirma lo arraigado de estas leyendas en el Folklore local.

¿Son estas referencias tan similares un indicativo de que existen muchas más huellas en la provincia del Socorro, además de aquellas reportadas por Degenhardt en cercanías de Oiba?

Marco Geológico

El mapa geológico de Colombia muestra que la zona de estudio está formada por rocas del Cretácico inferior (Berriasiano – Aptiano), los lechos de roca rojizos con restos de plantas de edad mesozoica están muy extendidos en la región de Santander,  por lo que con toda probabilidad las huellas reportadas pro Degenhardt se encuentran en esas rocas de ambiente continental.

Los alrededores del municipio de Oiba se encuentran sobre rocas que van desde el Berriasiano al Cenomaniano,  formadas en ambientes sedimentarios marinos marginales, llanuras costeras, epicontinentales  (grandes masa de agua poco profundas) y zonas neríticas (área marítima cercana a la costa que está sobre la plataforma continental) que van desde intermedias a profundas y que constituyen las Formaciones: Cumbre, Rosablanca, Paja, Tablazo y  Simití.

Geológicamente las formaciones con mayor probabilidad de albergar el sitio donde se encuentran las improntas de dinosaurios bípedos reportadas en 1839 son la Fm. Cumbre y especialmente la Fm. Paja.

Mar epicontinental durante el Cretácico temprano hace 120 Ma, obsérvese la costa continental de lo que actualmente son los departamentos de Boyacá y Santander. Modificado de R. Blakey

La Formación Cumbre  está constituida principalmente por arcillolitas limosas de color blanco a gris claro, en su mayoría rellenas moderadamente por óxidos de hierro en la que sobresalen halos concéntricos y elípticos  de óxidos de hierro, los cuales alcanzan dimensiones de hasta 70 cm de diámetro. Estructuralmente la roca posee laminación plana, no paralela, difusa, definida principalmente por láminas limo arcilloso de color gris y  anaranjado muy meteorizado y de una arena lodosa muy fina de color rojizo.  En la Fm. Cumbre se pueden observar  moldes de pequeños bivalvos no desarticulados.  La Fm. Cumbre tiene un ambiente sedimentario propicio para que los dinosaurios pudieran haber dejado  grabadas sus huellas en la orilla de una llanura costera.

La Fm. Paja está constituida en la base (Hauteriviano superior) por 340 m de arcillas de color negro con intercalaciones esporádicas de arenas arcillosas que pueden presentan colores rojizos. Los niveles superiores de la formación (Aptiano superior) presentan arcillolitas grises abigarradas, es decir presentan varios colores, en este caso de color rojo a amarillo. El proceso depositacional indica un ambiente epicontinental. La edad de la Fm. Paja se ha determinado en el Barremiano inferior a Aptiano inferior. La Fm. se subdivide en un miembro marino (Kip) y uno arenoso (Kimpa) tal y como se aprecia en la plancha geológica 151 del SGC.

En los alrededores de Villa de Leyva, la Fm. Paja en sus niveles medios ha sacado a la luz una abundante fauna y flora fósil que incluye una gran abundancia de fósiles de vertebrados e invertebrados marinos así como abundantes restos de plantas.

Plancha geológica 151 del SGC modificada. La estrella representa la ubicación de la vereda Paloblanco y el círculo de color rojo el área hipotética donde deberían encontrarse las huellas reportadas por Carl Degenhardt en 1839.

Cómo puede verse en la plancha geológica 151, Oiba y la vereda Paloblanco así como las quebradas cercanas, de las cuales una de ellas debe corresponder a la quebrada Paloblanco -nombrada en el reporte de Degenhardt- descansan sobre las rocas de la Fm. Paja, si bien algunas de ellas transcurren sobre rocas el miembro arenoso de la Fm. que es la más ampliamente expuesta en la zona de estudio.

El Miembro Arenoso de la Fm. Paja está constituido por areniscas lodosas siliciclásticas muy finas de color anaranjado y con una porosidad secundaria debida a lo quebradizo de la roca. La arenisca está compuesta por cuarzo, silicatos (moscovita), óxido de hierro y minerales arcillosos; además posee una laminación plana paralela, y con ondulaciones de color rojizo. En algunos sectores se aprecia la intercalación de láminas de arenisca muy fina blanca–rojiza, con láminas de lodolitas anaranjadas, enriquecidas con óxido de hierro.  En la formación es posible distinguir  pequeños bivalvos de entre 0.5 a 1 cm de diámetro

Secuencia del Cretácico inferior en el Cañón del río Chicamocha. Tomado de Gonzalez & Espinosa (2012)
Tabla Cronoestratigráfica Internacional

Conclusiones

Tras la revisión de los documentos de la Comisión Corográfica de la cuál formaba parte Manuel  Ancízar todo parece indicar que el cerro “Alto Pezuña” nombrado en el informe de 1856, el lugar llamado “Pezuña” del mapa de 1850 y el sitio “Piedra de la Pezuña” nombrado en “La peregrinación de Alpha” de 1853 son el mismo lugar. Si además tenemos en cuenta la similitud entre los relatos de  Ancízar  y Degenhardt, y admitimos que ambos se refieren al mismo hecho entonces en algún punto entre Chircal (Guapotá) y la Vereda Paloblanco cerca de la antigua ruta que de Oiba llevaba a Palmas (Palmas de Socorro) debería encontrarse  el cerro “Cuchilla de las pesuñas de venado”.

Icnita tridáctila hallada en la vereda el Roble Bajo (Fm. Paja) en cercanías de Villa de Leiva, Boyacá. (Créditos Centro de Investigaciones Paleontológícas CIP Villa de Leiva).

Por otro lado, si la “desconocida” quebrada Paloblanco se encuentra cerca de la vereda del mismo nombre, con toda probabilidad  la Formación Paja -incluyendo las rocas correspondientes al Miembro Arenoso-  son las que contienen las huellas de dinosaurios bípedos  mencionadas en el reporte de Degenhardt  en 1839. Sustentan esta hipótesis los hallazgos de huellas de terópodos en calizas de la Formación Paja al sur de Oiba, en cercanías de Villa de Leiva (vereda el Roble Bajo), Boyacá por parte de personal del Centro de Investigaciones Paleontológicas (CIP).  De estos mismos afloramientos  provienen además  Padillasaurus, el primer dinosaurio descrito en nuestro país así como 2 fémures de saurópodos descubiertos en 2005 y pertenecientes a dos individuos diferentes, uno de ellos identificado como Diplodocimorpha. Otros hallazgos de la Formación Paja incluyen restos de plantas que nos dan pistas de cómo era esa costa continental que sumado a los abundantes fósiles de invertebrados, peces y grandes reptiles marinos como pliosaurios , ictiosaurios, elasmosaurios y grandes tortugas nos dan en su conjunto una visión de cómo era el ecosistema marino que habitaba ese mar epicontinental somero que bordeaba las costas continentales  de lo que hoy actualmente son los departamentos de Boyacá y Santander durante el Cretácico inferior hace 120 millones de años.

Un gigantesco pliosaurio se sumerge en los mares pocos profundos del Cretácico temprano mientras una manada de Padillasaurus deambula cerca de la costa de lo que actualmente son los departamentos de Boyacá y Santander. Créditos Marcin Krysiak.

Hasta el momento, la ubicación exacta de las icnitas sigue siendo desconocida, por lo que las conclusiones de este trabajo se basan en conjeturas fruto -eso sí- de un detallado análisis de los informes realizados por la Comisión Corográfica, la obra de Manuel Ancízar, las leyendas del folclore local y los datos geológicos, estratigráficos y paleontológicos de la zona, en especial de la Formación Paja y su demostrada riqueza fosilífera. 

Esta investigación sólo pretende despertar el interés general en el redescubrimiento de las huellas de dinosaurios en la “cuchilla de las pesuñas de venado” y en la Quebrada Paloblanco las cuales creemos se encuentran en algún punto situado como lo hemos mencionado antes muy próximo a la actual vereda Paloblanco, en un área que cubre unos 5 km² aproximadamente, dicha hipótesis sólo podrá ser confirmada mediante trabajo de campo, siempre y cuando dichas improntas aún sean visibles. Esperemos que en este punto Manuel Ancízar se haya equivocado al escribir que lo que vio eran marcas en la roca sin importancia y que en absoluto representaban pasos de animales, y que por el contrario tal y como lo reportó Carl Degenhardt a Alexander von Humboldt en 1839, las pisadas de grandes pájaros que vio en lo alto de “la cuchilla de las pezuñas de venado” y en la quebrada Paloblanco sean en realidad huellas de dinosaurios bípedos, de ser así, Oiba y toda la comarca tendrían un atractivo turístico adicional que aportaría muchos beneficios a esta hermosa región del departamento de Santander.

Y cuando estaba a punto de publicar la entrada...

Cuando ya tenía casi lista la entrada para publicarla como parte de este nuevo proyecto de divulgación, recibí un mensaje de un amigo seguidor de la página de Facebook donde me preguntaba si sabía la ubicación exacta de las huellas citadas por Degenhardt, cuando le dije que hasta donde yo sabía aún no habían sido redescubiertas me envió unas fotografías tomadas  hace varios años cerca de Oiba en las que se observan lo que parecen ser huellas dejadas por dinosaurios bípedos. En una de las fotografías (foto inferior) y la que muestra la huella mejor conservada se observa un contramolde de una huella tridáctila que se encuentra en un pequeño arroyo (¿acaso es la quebrada Paloblanco que cita Degenhardt?),  que aunque a simple vista parece dejada por un ¿terópodo? debemos tener en cuenta que distinguir entre las grandes huellas tridáctilas producidas por  los dinosaurios bípedos ornitópodos y terópodos son problemáticas debido a la similitud en apariencia de las mismas, y es que aunque osteológicamente es distinta, no lo es tanto en la morfología general del pie, ya que en ambos grupos el mismo es digitígrado, es decir que estos dos grupos de dinosaurios cuando caminaban lo hacían apoyando solamente los dedos de sus patas, sin apoyar en el suelo la articulación del talón; de los dedos el del medio (III) era el más prominente mientras que los de los lados (II y IV) eran relativamente más cortos (el dedo I rara vez deja su impronta fosilizada debido a que estaba más elevado en la parte trasera de la pata). Por estas razones, las huellas fósiles dejadas por los ornitópodos y los terópodos son similares, ya que ambas son relativamente anchas y tridáctilas. La dificultad para distinguir las icnitas de ornitópodos de las de los terópodos es especialmente mayor cuando se trata de huellas aisladas o  están mal preservadas cómo parece es el caso de las huellas encontradas en Oiba.

Contramolde de una huella tridáctila encontrada en un pequeño arroyo en cercanías de Oiba. Cortesía grupo anónimo de investigación paleontológica (2021).

En la foto inferior se observa una huella que se asemeja a la dejada por un ornitópodo pero como acabamos de comentar esto es difícil de afirmar y más aún en base a unas pocas fotografías. Otras fotografías muestran más huellas individuales en muy mal estado de conservación y en las que no se aprecian “rastros” continuos, lo que hace más difícil su correcta identificación.

Posible huella tridáctila dejada por un dinosaurio bípèdo en cercanías de Oiba. Cortesía grupo anónimo de investigación paleontológica (2021).

Estas fotografías donde se observan diferentes huellas en varios sectores aledaños a Oiba, sumados a las diferentes “leyendas”  que hacen parte del folklore local, apuntan a que probablemente en la zona deben existir más huellas además de las citadas por Degenhardt.

Comparativa de algunas de las huellas dejadas por dinosaurios bípedos en nuestro país y las encontradas en Oiba.

Toda esta información tiene que ser confirmada y respaldada por trabajo de campo y si es posible por una publicación científica. El lugar donde se han encontrado estas huellas se encuentra en el área propuesta en nuestra investigación y confirmaría los reportes que hizo Carl Degenhardt a von Humboldt en su carta de 1839, por obvias razones no hacemos públicos los lugares ni los nombres para evitar que personas inescrupulosas expolien o destruyan las huellas, es importante que las autoridades locales así como los lugareños protejan, hagan parte y se involucren en un hipotético estudio, ya que la zona se vería beneficiada si se sabe gestionar este patrimonio, convirtiéndolo en un atractivo turístico adicional tal y como ya ocurre en otras zonas del país.

Templo de San Miguel en Oiba. Créditos @canondelchicamochasantander

Por último quiero invitarlos a que visiten esta hermosa zona del departamento de Santander y conozcan todo lo que tiene para ofrecer al visitante.

Agradecimientos

En primer lugar quiero agradecer a las personas del Archivo general de la Nación que muy amablemente me facilitaron el acceso a los mapas de la provincia del Socorro (años 1776, 1825 y 1834) y de la comisión Corográfica (años 1843, 1850 y 1864  y 1871). También quiero agradecer a Gustavo Ortega por ponerme sobre la pista de la obra de Manuel Ancízar, a Víctor H. Jiménez líder de Cultura, turismo y deporte de Oiba, a un revisor anónimo que me sugirió incorporar un resumen y redactó el de esta entrada, y muy especialmente quiero dar las gracias al grupo anónimo de investigación paleontológica por compartir la información más reciente sobre las icnitas de Oiba.

Te invitamos a conocer más del trabajo del paleoilustrador cuya imagen acompaña esta entrada visitando su página Web:

Referencias:

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