En este momento estás viendo Cocodrilomorfos marinos en el Cretácico temprano de Colombia
Machimosaurus © Joschua Knüppe

Cocodrilomorfos marinos en el Cretácico temprano de Colombia

Resumen: 

Los talatosuquios fueron un grupo de cocodrilomorfos marinos que surgieron durante el Jurásico temprano y sobrevivieron hasta el Cretácico temprano. A lo largo de su evolución desarrollaron una gran diversidad de formas y ocuparon distintos nichos ecológicos. Los talatosuquios  se dividen en dos grandes superfamilias: los teleosauroideos, con una distribución global y morfología similar a la de los gaviales modernos y los metriorrincoideos, hallados principalmente en Europa y América, completamente adaptados a la vida marina. Ambos grupos han sido registrados en el Cretácico temprano de Colombia; sin embargo, siguen siendo los menos conocidos de estas faunas, a pesar de su importancia para comprender la supervivencia del clado en el límite Jurásico/Cretácico, así como su distribución y diversidad en las latitudes tropicales, especialmente en el noroeste de Gondwana durante el Cretácico temprano.

Posición de Gondwana durante el Cretácico temprano (Barremiano) hace 127.5 Ma. Créditos C. R. Scotese
Posición de Gondwana durante el Cretácico temprano (Barremiano) hace 127.5 Ma. Créditos C. R. Scotese
ICC 2023 talatosuquios Barremiano

Cocodrilomorfos y el origen de los talatosuquios

Los cocodrilomorfos o crocodilomorfos (Crocodylomorpha) son un importante grupo de vertebrados tetrápodos diápsidos que incluye los crocodilios (Crocodilia) modernos y a sus parientes extintos. Al igual que dinosaurios y pterosaurios, los cocodrilomorfos son arcosaurios que en la actualidad, sólo están representados por los crocodilios (cocodrilos, aligátores, caimanes y gaviales) y aves. Sin embargo, esto no siempre fue así. A lo largo del Mesozoico y en general, durante sus 230 millones de años de evolución, los cocodrilomorfos han dado lugar a una notable variedad de formas corporales, muchas de las cuales eran muy diferentes a las de los crocodilios modernos, que llegaron a ocupar una gran variedad de nichos ecológicos.

Los primeros cocodrilomorfos surgieron en el Triásico tardío, hace unos 235 a 237 millones de años. Estos animales habitaban en tierra y se caracterizaban por sus patas largas y cráneo profundo, similar al de un dinosaurio carnívoro, en lugar de aplanado como el de los cocodrilos modernos, de hecho, muchos de los fósiles fragmentarios de estos primeros cocodrilomorfos se han confundido con fósiles de dinosaurios. Durante los primeros 30 millones de años de su existencia, los cocodrilomorfos eran exclusivamente terrestres; pero el evento de extinción masiva ocurrido durante la transición del Triásico al Jurásico (hace unos 201 millones de años) lo cambió todo, pues la desaparición de los reptiles terrestres, semiacuáticos y marinos que dominaban el Triásico tardío, no sólo alteró profundamente la evolución de los cocodrilomorfos, sino que también permitió que los dinosaurios se convirtieran en el grupo dominante de vertebrados terrestres durante el Jurásico y Cretácico.

Tras esta extinción aparecieron los primeros cocodrilomorfos semiacuáticos que vivían tanto en tierra como en el agua. Posteriormente, hace aproximadamente 195 Ma durante el Sinemuriano (Jurásico temprano), surgieron los primeros cocodrilomorfos marinos: los talatosuquios (Thalattosuchia) que sobrevivieron hasta mediados del Cretácico temprano, siendo el fósil más reciente de hace aproximadamente 125 Ma (Young y colaboradores, 2018).

Descripción de la imagen

Bajo el denso dosel de las gigantescas coníferas Araucarioxylon del Triásico tardío de Norteamérica, el cocodrilomorfo Hesperosuchus explora un árbol caído en busca de larvas. Créditos Cullen Townsend

No está claro donde surgieron los primeros miembros del clado ya que los fósiles más antiguos se han hallado en lugares tan distantes como Suramérica, India y Francia. Los fósiles de talatosuquios del final del Jurásico temprano (Toarciano) y períodos posteriores se han identificado principalmente en Europa y en la Cuenca Neuquina de Argentina.  Recientemente se describió el género Turnersuchus, un talatosuquio que vivió durante el Pliensbachiano (Jurásico temprano) del Reino Unido, que ha sido identificado como el miembro más primitivo (basal) del grupo y que no forma parte de los dos grandes clados de talatosuquios (que veremos a más adelante): Metriorhynchoidea y Teleosauroidea (Wilberg y colaboradores 2023).

Inicialmente, estos reptiles eran semiacuáticos, similares a los gaviales actuales, con hocicos largos y una dieta basada en peces pequeños pero, posteriormente, evolucionaron hasta formas completamente marinas.

Como comentamos anteriormente, los talatosuquios se dividen tradicionalmente en dos grandes grupos (superfamilias): teleosauroideos (Teleosauroidea) y metriorrincoideos (Metriorhynchoidea) que divergieron durante el Toarciano, hace al menos 182 Ma durante el Jurásico temprano. Durante este periodo, los teleosauroideos eran más diversos y dominantes con géneros como Macrospondylus, Steneosaurus y Platysuchus, mientras que sólo se conoce un metriorrincoideo: Pelagosaurus typus. Fósiles de estos reptiles han sido encontrados en Alemania, Francia e Inglaterra, lo que indica que los teleosauroideos eran los cocodrilomorfos dominantes y más grandes en el archipiélago que conformaba lo que hoy es Europa (Young y colaboradores, 2018).

Descripción de la imagen
Turnersuchus en los mares del Jurásico temprano del Reino Unido hace 185 Millones de años. Créditos Julia d’ Oliveira

Teleosauroideos

Los teleosauroideos son los talatosuquios más antiguos. Estos cocodrilomorfos tuvieron una distribución global durante el Jurásico; sus restos se han hallado principalmente en lagunas y ambientes marinos costeros, aunque también se han hallado en estuarios y ecosistemas de agua dulce, un comportamiento que podría indicar que, al igual que el actual cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus), ponían sus huevos en nidos construidos en hábitats de agua dulce.

Los teleosauroideos presentaban adaptaciones menos extremas al medio acuático, con una anatomía general similar a la de otros cocodrilomorfos anfibios. Contaban con escudos dorsales y ventrales formados por osteodermos (placas óseas en la piel) y se desplazaban principalmente gracias a una cola larga, flexible y musculosa. Sus extremidades anteriores, aunque algo reducidas, aún les permitían moverse en tierra para anidar o calentarse al sol. Su capacidad de natación y la ubicación dorsal de sus órbitas oculares (situadas en la parte superior del cráneo) sugieren que habitaban entornos costeros, evitando el mar abierto y adoptando una estrategia de caza por emboscada desde el fondo (Bardet y colaboradores, 2023).

Todos los teleosauroideos tenían un hocico alargado, lo que indica una dieta basada principalmente en peces, aunque algunas especies con dientes más robustos también se alimentaban de tortugas. Gracias a la forma de su hocico podemos agruparlos en tres tipos principales: 

  • Formas de hocico largo equipado con dientes pequeños y puntiagudos ideales para atrapar peces pequeños.
  • Formas de hocico largo pero más corto, con menos dientes que la primera forma, aunque de mayor tamaño, adecuados para capturar presas más grandes.
  • Formas de hocico corto, provisto de menos dientes, pero mucho más robustos y con esmalte estriado, diseñados para triturar presas más duras.

Gracias a esta especialización en los diferentes tipos de alimentación, varias especies de teleosauroideos compartieron los mismos ecosistemas, lo que les permitió mantener una gran diversidad (Young y colaboradores, 2018).

Los teleosauroideos se agrupan en dos familias: los teleosáuridos (Teleosauridae) que aparecieron en el Jurásico temprano (Sinemuriano) y que se distribuyeron principalmente por Laurasia, el supercontinente del hemisferio norte que incluía lo que hoy son Norteamérica, Europa y Asia y los machimosáuridos (Machimosauridae) que tenían una distribución más amplia, incluyendo áreas de Gondwana (Suramérica, África, India, Australia y la Antártida). Estos últimos a su vez incluyen las subfamilias Aeolodontinae y Machimosaurinae, que incluye la tribu Machimosaurini, que aparecieron a finales del Jurásico medio, con especies como Machimosaurus y Lemmysuchus que alcanzaban hasta 7,2 metros de longitud, lo que los convertía en los cocodrilomorfos más grandes del Jurásico.

Los nuevos estudios filogenéticos indican que los teleosauroideos fueron más diversos de lo que se pensaba anteriormente en términos de morfología, ecología y distribución geográfica (Johnson y colaboradores, 2020).

Descripción de la imagen
Machimosaurus rex. Créditos Davide Bonadonna

Durante el Jurásico tardío y el Cretácico temprano, estos enormes teleosauroideos desarrollaron mandíbulas más cortas y fuertes, con dientes romos y aserrados que les permitieron especializarse en cazar tortugas marinas, como lo demuestran fósiles con mordeduras y dientes incrustados en sus caparazones (Young y colaboradores, 2018).

Metriorrincoideos

Los metriorrincoideos por su parte presentaban modificaciones esqueléticas cada vez más especializadas que indican una adaptación total al medio acuático. Sus extremidades anteriores eran cortas y aunque los dedos de manos y pies eran planos, no desarrollaron ni hiperfalangia ni hiperdactilia, es decir no  tenían un número excesivo de falanges ni de dedos en las extremidades. Además, tenían un esqueleto ligero compuesto de huesos esponjosos y poco densos, carecían de un escudo protector tanto dorsal como ventral y contaban con una cola hipoquercal, un tipo de aleta caudal en la que el lóbulo inferior es más grande que el lóbulo superior. En este tipo de cola, la columna vertebral se curva hacia abajo para sostener el lóbulo inferior, lo que proporciona un estilo de nado eficiente para la propulsión en el agua, lo que evidencia un alto grado de especialización para la natación rápida en el entorno marino.

Los metriorrincoideos pueden dividirse en dos subgrupos: los metriorrínquidos verdaderos (familia Metriorhynchidae) y los metriorrincoideos basales. Los primeros evolucionaron hacia formas similares a delfines con aletas y cola en forma de aleta, perdiendo la armadura ósea, mientras que los metriorrincoideos basales eran formas intermedias entre los teleosauroideos (similares a gaviales) y los metriorrínquidos verdaderos. A pesar de que los metriorrincoideos basales se conocen principalmente por fósiles fragmentarios, sobrevivieron a lo largo de 15 millones de años, durante el Jurásico temprano y medio en diversas regiones del mundo, lo que indica que fueron un grupo exitoso.

El metriorrincoideo basal más antiguo es Pelagosaurus typus que vivió en Europa durante el Jurásico temprano (Toarciano). Este talatosuquio que ya presentaba características propias de los metriorrínquidos, como ojos orientados hacia afuera y ligeramente hacia adelante (a diferencia de teleosauroideos y cocodrilos actuales que los tienen hacia arriba), un anillo óseo que brinda soporte al globo ocular, aberturas ensanchadas en la parte posterior del cráneo para las arterias carótidas y metatarsos (huesos de las extremidades posteriores) largos parecidos a palas.

Descripción de la imagen
Plesiosuchus manselii, un metriorrínquido del Jurásico tardío de Europa. Créditos Gabriel Ugueto

Los verdaderos metriorrínquidos se conocen desde el Jurásico medio hasta el Cretácico temprano (desde 168 a 125 millones de años aproximadamente) y desarrollaron adaptaciones específicas para la vida marina como aletas y cola en forma de aleta. Sin embargo, los fósiles más antiguos de este grupo son demasiado avanzados para ser los antecesores directos de esta familia, lo que plantea muchas preguntas sobre su evolución temprana.

La familia Metriorhynchidae se suele dividir en dos subfamilias: Los metriorrinquinos (Metriorhynchinae) que incluye las formas más especializadas para la vida marina, provistas de una gran cola en forma de aleta y orificios nasales ubicados más cerca de los ojos que de la punta del hocico; en su mayoría, se trata de especies de hocico alargado como Cricosaurus y Metriorhynchus que probablemente se alimentaban de pequeños peces o calamares y los geosaurinos (Geosaurinae) que incluyen a los metriorrínquidos de mayor tamaño corporal, como Plesiosuchus y sus parientes cercanos, así como formas como Dakosaurus, con un aspecto similar al de las falsas orcas actuales y Geosaurus, cuya apariencia recuerda a la de las barracudas.

Sin embargo, ante la falta de fósiles de los primeros metriorrínquidos desconocemos cómo, cuándo y dónde evolucionaron y que factores desencadenaron su diversificación.

También se desconoce si los metriorrínquidos daban a luz crías vivas como algunas serpientes marinas o si volvían a tierra para poner huevos como las tortugas marinas. La forma peculiar de su pelvis sugiere que podrían haber dado a luz a crías vivas, pero solo nuevos descubrimientos fósiles podrán responder a esta incógnita (Young y colaboradores, 2018).

Descripción de la imagen
Un Dakosaurus maximus sale de las profundidades para atacar un desprevenido ictiosaurio durante el Jurásico tardío de Europa. Créditos Gabriel Ugueto

Los metriorrincoideos tenían una dieta más variada y oportunista que los teleosauroideos, con hocicos más cortos y dientes más robustos. Dakosaurus, en particular, presentaba un cráneo alto, corto y robusto provisto de dientes grandes, espaciados y aserrados, una adaptación poco común entre los cocodrilomorfos marinos pero similar a la de los dinosaurios depredadores y los cocodrilomorfos terrestres (Bardet y colaboradores, 2023).

No se sabe con certeza cuándo se extinguieron los talatosuquios. Sin embargo, recientes descubrimientos principalmente cerca del ecuador, están ampliando el registro fósil de los teleosauroideos y metriorrincoideos hasta el Cretácico. Uno de los más recientes teleosauroideos conocidos es Machimosaurus rex, un gigante de 7 metros hallado en Túnez datado en hace unos 130 millones de años, mientras que el fósil de metriorrínquido más reciente es una corona dental aislada, hallada en Sicilia, que data de hace aproximadamente 125 millones de años. Esta corona tiene características únicas que sugieren una proximidad con Plesiosuchus, el metriorrínquido más grande conocido y no a un plesiosaurio como algunos investigadores habían propuesto (Young y colaboradores, 2018).

Talatosuquios en el Cretácico temprano de Colombia

Las faunas del Cretácico temprano de la Formación Paja y la Fm. Rosablanca son taxonómicamente diversas, como estamos viendo en esta serie de entradas dedicadas a los vertebrados del Cretácico colombiano, pero hasta ahora empiezan a ser comprendidas como conjunto. La Fm. Paja, de edad Hauteriviano – Aptiano (132 – 113 Ma) incluye una gran variedad de vertebrados: peces, plesiosaurios (plesiosauroideos y pliosauroideos), ictiosaurios, tortugas y dinosaurios; mientras en la Fm. Rosablanca, de edad Valanginiano (139 – 132 Ma) se registran peces, pterosaurios, tortugas y plesiosaurios (plesiosauroideos). En ambas faunas se registran además cocodrilomorfos talatosuquios, quizás los menos conocidos de todos los vertebrados que conformaban estos antiguos ecosistemas, pero cuya presencia confirma una vez más, la riqueza paleontológica que tiene nuestro territorio.

Un metriorrincoideo en la Formación Rosablanca

En 2008 una expedición del instituto Smithsonian descubrió un cráneo casi completo y restos postcraneales de un metriorrínquido en cercanías de Zapatoca, departamento de Santander. La zona del hallazgo corresponde a rocas de la Formación Rosablanca, la presencia de la amonita Saynoceras verrucosum indica una edad Valanginiano tardío.

Metriorrínquido hallado en Zapatoca
Cráneo del metriorrínquido hallado en cercanías de Zapatoca, Santander. Imagen tomada y modificada de la Conferencia “Titanoboa: El hallazgo del gran fósil de los trópicos” (2009) . Fundación Parque Explora de Medellín

A falta de que se publique la descripción del espécimen (que lleva esperando varios años), un análisis preliminar liderado por el paleontólogo canadiense y profesor de la Universidad McGill de Montreal Hans Larsson, que es quién ha estudiado el material, identificó al espécimen como un metriorrinquino (Metriorhynchinae), por lo tanto no se trataría de un Pelagosaurus, un teleosáurido del Jurásico temprano de Europa, tal y como se indicaba en la conferencia “Titanoboa: El hallazgo del gran fósil de los trópicos” llevada a cabo en 2009 en la Fundación Parque Explora de Medellín.

El nuevo metriorrinquino formaría un clado junto a Cricosaurus (Larsson y colaboradores, 2011), otro miembro de la subfamilia, que habitó los mares del Jurásico tardío de lo que actualmente es el Reino Unido, Francia, Suiza, Alemania, Argentina, Cuba y México.

Este hallazgo representaría el primer registro de un metriorrínquido en el Cretácico del extremo sur de la región del Tetis, lo que aporta información clave sobre la evolución de estos reptiles marinos. Además amplía el registro de los metriorrínquidos en el Cretácico temprano, ayudando a comprender la evolución de los ecosistema marinos en la transición entre el Jurásico y el Cretácico, ya que los metriorrínquidos eran importantes depredadores de estos hábitats. El hallazgo también ofrece nuevas perspectivas sobre la diversidad del grupo y su progresivo declive hasta su extinción (Larsson y colaboradores, 2011).

Recreación (modificada) del metriorrínquido de la Fm. Rosablanca. Créditos © Banco de Imágenes Ambientales (BIA), Instituto Alexander von Humboldt.

En su tesis de 2013, Chinaglia-Montefeltro identifica una relación filogenética entre el género Racheosaurus, del Jurásico tardío de Alemania, con varios taxones asociados al género Cricosaurus y el metriorrinquino de la Fm. Rosablanca. Sin embargo, este último muestra una posición variable mostrándose en algunos análisis junto a Racheosaurus gracilis, mientras que en otros aparece como un pariente cercano de ciertas especies de Cricosaurus, lo que pone en duda si el género Cricosaurus forma un grupo monofilético, es decir si comparten un ancestro común. Las tres características que explican la posición variable del taxón colombiano en los análisis filogenéticos son:

  • Ángulo de la fenestra temporal superior externa (la abertura en el cráneo ubicada a los lados del cráneo, detrás de los ojos): este ángulo, de aproximadamente 45° entre sus márgenes anterior y medial, sugiere que el metriorrinquino colombiano está más relacionado con el género Cricosaurus.
  • Orientación del proceso posteromedial (extensión ósea) del escamosal o escamoso (un hueso del cráneo ubicado en la parte posterior): Su orientación transversal indica una mayor afinidad con Racheosaurus.
  • Forma del arco temporal: la falta de curvatura en el arco temporal en el metriorrinquino colombiano, sugiere que no debería ser incluido en el género Cricosaurus (Chinaglia-Montefeltro, 2013).

Por lo tanto, tendremos que esperar a que se publique la descripción del espécimen y se aclaren sus relaciones filogenéticas y saber si se trata de una nueva especie de Cricosaurus o Racheosaurus o si por el contrario representa un nuevo género de metriorrínquido del Cretácico temprano.

Metriorrínquido Cricosaurus ¿? Fm. Rosablanca
Cráneo del metriorrínquido hallado en la Fm. Rosablanca. Modificado de Chinaglia-Montefeltro (2013)

Antes de publicar esta entrada intenté contactar con el profesor Hans Larsson para conocer en qué punto se encontraba la publicación de este material pero no recibí respuesta de su parte.  El material se encuentra desde el año 2018 en las colecciones del Museo Geológico José Royo y Gómez del SGC en Bogotá.

Un teleosauroideo de gran tamaño en la Formación Paja

En el año 2012 se encontraron varios restos fósiles preservados en una concreción calcárea en la loma La Cabrera, en cercanías de Villa de Leiva, un sitio donde se han reportado, entre otros, los holotipos del pliosaurio Stenorhynchosaurus munozi y del elasmosáurido Leivanectes bernardoi.

El espécimen, identificado como CIP-0001 y alojado en las colecciones del Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leiva (CIP), incluye vértebras dorsales, costillas dorsales, osteodermos dorsales y ventrales así como elementos metapodiales (huesos de las extremidades). La presencia de varias amonitas asociadas al espécimen, incluyendo Gerhardtia y la unidad donde se hallaron los restos (Miembro Arcillolitas Abigarradas) permiten datarlo en el Barremiano tardío (128 Ma aprox.).

Como lo indicamos antes, los huesos articulados se preservaron en una concreción de 50 cm de largo que estaba fracturada en dos partes que encajaban perfectamente entre sí. La preparación del material se llevó a cabo en los laboratorios del CIP mediante técnicas mecánicas y químicas; y a pesar que durante mucho tiempo se pensaba que los restos podrían pertenecer a un dinosaurio, los análisis confirmaron que se trataba del primer registro de un cocodrilomorfo talatosuquio para el norte de Suramérica.

Recreación (modificada) del teleosauroideo de la Fm. Paja. Créditos © Banco de Imágenes Ambientales (BIA), Instituto Alexander von Humboldt.

Las partes superiores de las costillas dorsales están visibles, junto con dos vértebras dorsales unidas y varios osteodermos. La pieza más grande incluye al menos 12 osteodermos, tres centros vertebrales y al menos cinco costillas expuestas. La pieza más pequeña contiene al menos 11 osteodermos, un posible hueso del carpo (ulnare), tres centros vertebrales y un arco neural separado desarticulado.

Los huesos están desplazados de la posición original que ocupaban dentro del escudo formado por los osteodermos dorsales y ventrales. Sin embargo los osteodermos están relativamente articulados, con los dorsales superpuestos entre sí, como si la armadura hubiera sido comprimida; los osteodermos del vientre también están alineados formando un escudo parcialmente conservado. No hay evidencia de que el espécimen haya sufrido carroñeo o depredación por parte de otros organismos. La excelente preservación del material sugiere que el talatosuquio sufrió un enterramiento rápido después de morir.

Aunque el espécimen CIP-0001 está incompleto, los elementos postcraneales conservados permiten reconocer rasgos característicos de los teleosauroideos (Teleosauroidea). Sin embargo, como no se encontraron dientes distintivos ni huesos del cráneo, no es posible determinar a qué género o especie pertenece. En base al gran tamaño de los huesos, los investigadores consideraron que correspondía a un individuo adulto aunque posiblemente no completamente desarrollado ya que algunas suturas óseas aún no estaban fusionadas. Así mismo determinaron que este teleosauroideo tenía una longitud de 9.6 m lo que lo convierte en uno de los teleosauroideos más grandes conocidos. Aun así, estas estimaciones son conservadoras, ya que se basaron en las tres últimas vértebras dorsales conservadas, las cuales podrían no ser las más grandes de la parte posterior de la columna (Cortés y colaboradores, 2019).

teleosauroideo Fm. Paja
Espécimen CIP-0001 y reconstrucción, indicando los fósiles recuperados, del teleosauroideo de la Fm. Paja. Créditos Dirley Cortés

El gran tamaño de CIP-0001 sugiere una posible afinidad con los machimosáuridos (Machimosauridae), que, como mencionamos anteriormente, eran más grandes que los teleosáuridos, los cuales siempre fueron de tamaño más pequeño. Además, los últimos análisis sobre la distribución geográfica de los teleosauroideos indican que los teleosáuridos se distribuían por Laurasia, mientras que los machimosáuridos ocupaban Gondwana, de la cual formaba parte Suramérica. Esta diferencia en la distribución biogeográfica, sumada al hecho de que Machimosaurus rex, una especie de machimosáurido que se cree sobrevivió al límite Jurásico tardío-Cretácico temprano, refuerza la afinidad de CIP-0001 con esta familia (Benavides, 2021; Johnson y colaboradores, 2020).

La presencia de osteodermos en los cocodrilos actuales está relacionada con una mayor vascularización, es decir una mayor cantidad de vasos sanguíneos que permiten un mayor flujo de sangre, un aspecto importante a la hora de regular la temperatura corporal. Los osteodermos de CIP-0001 también muestran alta vascularización, lo que sugiere que este espécimen necesitaba calentarse en tierra para regular su temperatura, un indicador de que este talatosuquio habría habitado ambientes marinos costeros al igual que otros machimosáuridos (Benavides, 2021).

Debido a lo fragmentario del material y teniendo en cuenta su posible afinidad con los machimosáuridos, sus interpretaciones paleoecológicas se basan en lo que sabemos de esta familia de teleosáuridos: su velocidad de nado sostenido pudo haber sido lenta, pero seguramente podía realizar arranques rápidos, lo que le permitía emplear una técnica de captura por emboscada. Además, es probable que tuviera un tipo de dieta macrófaga/durófaga, con un rostro corto y dientes robustos y romos, adaptados para consumir animales provistos de caparazones como tortugas. Sin embargo, no necesariamente se limitaba a este tipo de presas ya que también podría alimentarse de cualquier cosa que pudiera capturar (Benavides, 2021) y probablemente tenía una dieta más generalista, alimentándose de animales bentónicos (es decir aquellos que se encuentran en el fondo marino como moluscos, cangrejos y algunos peces) y pelágicos (los que habitan aguas abiertas) mayores a 10 cm, pero probablemente no de presas superiores a 1 m. Esto se debe a que su cráneo largo y sus dientes puntiagudos son características que se asocian con una dieta basada en peces (Cortés y Larsson, 2023).

Descripción de la imagen
Machimosaurus. Créditos JWAleksArt

El espécimen CIP-0001 es también el primer teleosauroideo confirmado de Suramérica. Reportes previos en la región se han registrado en el Pacífico oriental, en el Jurásico medio – tardío de Chile y desde el Jurásico medio hasta el Cretácico temprano de Argentina y posiblemente correspondan a metriorrincoideos.  Desafortunadamente parte de ese material consiste en vértebras aisladas y metatarsianos que no son lo suficientemente distintivos para un diagnóstico confiable y solo se pueden identificar como talatosuquios. Esto sugiere que también podrían pertenecer a los teleosauroideos; por lo tanto, es crucial encontrar más material que permita, al menos, una identificación a nivel de familia.

Así mismo, CIP-0001, es el primer registro confirmado de un cocodrilomorfo teleosauroideo en el Cretácico, ya que hasta ahora el único teleosauroideo de esa edad es Machimosaurus rex, encontrado en 2016, en la Formación Douiret (Túnez), cuya edad se ha propuesto como Hauteriviano (Cretácico temprano). Sin embargo, la datación de su localidad no está bien definida pues estudios previos basaron esta asignación en la presencia de ciertos peces fósiles, pero la falta de precisión taxonómica debilita el argumento. Además, existe incertidumbre estratigráfica, ya que las capas inferiores de la formación podrían ser más antiguas. En conclusión, la edad de M. rex sigue siendo incierta y de manera conservadora, se considera Jurásico tardío–Cretácico temprano (Cortés y colaboradores, 2019).

Teleosáurido (CIP-0001 ). Créditos Dirley Cortés
Teleosáurido (CIP-0001 ). Créditos Dirley Cortés

Sea como sea, el hallazgo del teleosáurido CIP-0001 en la Formación Paja, respalda la supervivencia de este linaje a través del límite Jurásico/Cretácico además de ofrecer importantes perspectivas sobre la radiación, dispersión y diversidad de los reptiles marinos en las latitudes tropicales durante el Barremiano. Aunque el registro fósil de cocodrilomorfos mesozoicos en la región es limitado, este descubrimiento brinda información relevante sobre la expansión hacia el oeste de los teleosáuridos en el noroeste de Gondwana durante el Cretácico temprano (Cortés y colaboradores, 2019).

Continuando con esta serie de entradas dedicadas a los vertebrados del Cretácico de Colombia, en el próximo post hablaremos de ictiosaurios, formidables depredadores que habitaron los ecosistemas que existían en ese mar epicontinental que cubría gran parte de nuestro territorio (en preparación).

Derechos de autor: ©titanoboaforest permite la reproducción de contenido siempre que se haga referencia a la fuente y a la autoría, recuerda que los vídeos, fotografías, reconstrucciones e imágenes también tienen derechos de autor así que no te olvides de citarlos. Si quieres saber cómo citar la entrada de un Blog siguiendo las Normas APA te recomiendo este enlace y si quieres generar automáticamente la referencia bibliográfica puedes hacerlo desde aquí.

Las fotografías compartidas de la Web Flickr son propiedad intelectual de sus respectivos autores y se publican aquí con fines educativos. Todos los derechos reservados ©

Te invitamos a conocer más del trabajo de los paleoilustradores cuyas imágenes acompañan esta entrada visitando sus páginas Web:

Referencias:

Bardet, N., et al. (2023). «Ocean Life in the Time of Dinosaurs.»

Benavides-Cabra, C. D. (2021). Identificación de los depredadores marinos ápex del Barremiano-Aptiano de la región de Villa de Leiva, Universidad Nacional de Colombia.

Cortés, D. and H. C. Larsson (2023). «Top of the food chains: an ecological network of the marine Paja Formation biota from the Early Cretaceous of Colombia reveals the highest trophic levels ever estimated.» Zoological Journal of the Linnean Society: zlad092.

Cortés, D., et al. (2019). «An early cretaceous teleosauroid (Crocodylomorpha: Thalattosuchia) from Colombia.» Ameghiniana 56(5): 365-379.

Johnson, M. M., et al. (2020). «The phylogenetics of Teleosauroidea (Crocodylomorpha, Thalattosuchia) and implications for their ecology and evolution.» PeerJ 8: e9808.

Larsson, H., et al. (2011). «A new metriorhynchid (Crocodyliformes, Thalattosuchia) from the early cretaceous of Colombia (Rosa Blanco Formation, late Valanginian).» Ameghiniana 48: R86-R87.

Montefeltro, F. C. (2013). Revisão filogenética de Mesoeucrocodylia: irradiação basal e principais controvérsias, Universidade de São Paulo.

Wilberg, E. W., et al. (2022). «A new early diverging thalattosuchian (Crocodylomorpha) from the Early Jurassic (Pliensbachian) of Dorset, UK and implications for the origin and evolution of the group.» Journal of Vertebrate Paleontology 42(3): e2161909.

Young, M. T., et al. (2018). «Fossil Focus: Thalattosuchia.» Palaeontology Online 8(5): 1-13.

Lectura Recomendada:

Jaramillo, C., et al. (2017). «Hace tiempo.» Un viaje paleontológico ilustrado por Colombia. Instituto Alexander von Humboldt, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

Ortiz-Pabón, L. G. (2022). Reptiles fósiles de Colombia, Institución Universitaria de Envigado

Paul, G. S. (2022). «The Princeton field guide to Mesozoic sea reptiles.»

Fernando

@paleofher

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. ANDRES SEBASTIAN SANCHEZ DUARTE

    Hola Fernando, una pregunta, en otra venta hablaras de los cocodrilomorfos terrestres como el Batrachopus sp. de la Fm. Saldaña y El cocodrilomosfo de Ortega ?

    1. Fernando

      Hola Andrés, si los mencionaremos desafortunadamente es muy poco lo que existe al respecto. Del reporte de Ortega no existe bibliografia (sólo una referencia de Langston de 1965) y de Batrachopus el artículo de 1987.

Deja una respuesta