Resumen:
El registro de ictiosaurios en Colombia se remonta a las primeras menciones realizadas durante la segunda mitad del siglo XX. Desde restos inicialmente atribuidos a estos reptiles que posteriormente resultaron pertenecer a otros grupos, hasta los hallazgos del Cretácico temprano de Boyacá y Santander, su estudio ha ido revelando una historia cada vez más compleja. En esta entrada repasaremos las primeras evidencias conocidas y seguiremos la historia de Platypterygius sachicarum, el primer ictiosaurio descrito formalmente en Colombia, cuya identidad y relaciones evolutivas continúan siendo objeto de debate.
Tabla de contenido:
- Los ictiosaurios de Colombia [Ir a]
- Los primeros registros de ictiosaurios en Colombia [Ir a]
- Los primeros indicios en Villa de Leiva [Ir a]
- Platypterygius sachicarum: el primer ictiosaurio colombiano descrito [Ir a]
- Un ictiosaurio difícil de clasificar [Ir a]
- Revelando la anatomía de Platypterygius sachicarum [Ir a]
- De Platypterygius a Kyhytysuka: una nueva identidad para la especie sachicarum [Ir a]
- El regreso de Platypterygius sachicarum [Ir a]
- Paleoartistas [Ir a]
- Referencias [Ir a]
- Lectura recomendada [Ir a]
Los ictiosaurios de Colombia
Aunque los restos de ictiosaurios colombianos se conocen desde hace décadas, buena parte de lo que sabemos sobre ellos es relativamente reciente. De hecho, la Formación Paja, que aflora ampliamente en la Cordillera Oriental alrededor de Villa de Leiva, Boyacá, constituye una de las fuentes más importantes de vertebrados marinos del Cretácico temprano del norte de Gondwana. En sus rocas, de edad Hauteriviano–Aptiano, los restos de vertebrados —incluidos los ictiosaurios— son relativamente abundantes y se conocen desde la década de 1940 (Maxwell et al., 2019).
Su importancia resulta todavía mayor si tenemos en cuenta que el registro mundial de ictiosaurios del intervalo Barremiano–Aptiano es bastante fragmentario. Muchos de los géneros y especies conocidos están representados por un único ejemplar, en ocasiones muy incompleto, y el registro de Gondwana ha sido tradicionalmente especialmente escaso en esqueletos completos (Maxwell et al., 2019).
Durante las últimas décadas, sin embargo, nuevos descubrimientos y el reestudio de ejemplares conocidos han ido revelando una historia mucho más compleja. Actualmente, Colombia cuenta con varias especies descritas, numerosos ejemplares adicionales y materiales todavía pendientes de estudio. Incluso algunos fósiles que llevan décadas en colecciones han adquirido una nueva importancia conforme ha avanzado nuestro conocimiento sobre estos reptiles.
En esta entrada recorreremos esa historia: desde los primeros restos atribuidos a ictiosaurios en Colombia hasta los espectaculares ejemplares procedentes del Cretácico temprano de Boyacá, sin olvidarnos de algunos registros tempranos encontrados fuera de la Formación Paja.
Reconstrucción de Eurhinosaurus mistelgauensis, un ictiosaurio del Jurásico temprano de Baviera (Alemania), representado poco después de su muerte sobre el fondo marino, una escena que ilustra una de las primeras etapas que pueden preceder al enterramiento y posterior fosilización de un cadáver. La escena está ambientada en el célebre «campo de batalla de los belemnites» de Mistelgau. Ilustración: Andrey Atuchin.
Los primeros registros de ictiosaurios en Colombia
La historia del estudio de los ictiosaurios en Colombia comenzó en 1963, cuando los investigadores Jorge Hernández-Camacho y Jaime De Porta publicaron un pequeño pero enigmático fósil bajo un título que no dejaba lugar a dudas sobre su importancia: El Primer Ictiosaurio del Cretácico de Colombia (Hernández-Camacho & De Porta, 1963).
El ejemplar había sido encontrado en las proximidades de la quebrada Luní, en el municipio de Piedras, Tolima, y consistía en una porción del hueso dentario derecho que conservaba sus ocho dientes más posteriores. Los dientes aparecían dispuestos por pares dentro de una única serie dental y presentaban una base ensanchada de aspecto bulboso, además de una morfología relativamente comprimida. A partir de estas y otras características, los autores interpretaron el fósil como perteneciente a un ictiosaurio y consideraron que podía presentar afinidades con las familias Mixosauridae o Shastasauridae, aunque reconocieron que el material no permitía una identificación satisfactoria. Pero había un problema. El fósil procedía de unos bancos calcáreos situados hacia la parte media del nivel denominado entonces “Ruedas de carreta”. La fauna de moluscos y foraminíferos asociada indicaba que estas rocas pertenecían al Coniaciano, durante el Cretácico tardío. Los propios autores advirtieron que esta edad no encajaba con su identificación: Mixosauridae y Shastasauridae eran grupos conocidos del Triásico, decenas de millones de años anteriores al depósito de aquellas rocas. Aun así, concluyeron que, aparentemente, se trataba del primer registro de un ictiosaurio en Colombia (Hernández-Camacho & De Porta, 1963).
La identificación no sobreviviría mucho tiempo. McGowan (1972) consideró posteriormente que el ejemplar no pertenecía a un ictiosaurio y Bardet (1992) lo reinterpretó como un mosasaurio. Décadas después, Cortés y colaboradores intentaron localizarlo en las colecciones del actual Servicio Geológico Colombiano, donde originalmente había sido depositado, pero no pudieron encontrarlo, por lo que actualmente se considera perdido (citados en Páramo-Fonseca, 1997; Cortés y colaboradores, 2021).
Por tanto, este fósil ocupa un lugar curioso en la historia de la paleontología colombiana: fue el primer ejemplar publicado como ictiosaurio en el país, pero no el primer ictiosaurio colombiano confirmado. Para encontrar a este último tenemos que trasladarnos a Boyacá, donde un espectacular cráneo descubierto durante la década de 1970 terminaría convirtiéndose, años después, en el holotipo de Platypterygius sachicarum.
Sin embargo, la historia de aquel fragmento mandibular del Tolima no terminó con su exclusión de Ichthyosauria. Décadas después, el fósil sería reinterpretado como perteneciente a un posible mosasaurio, un grupo de grandes reptiles marinos que también habitó los mares cretácicos de Colombia. Sobre este enigmático ejemplar y su posterior reinterpretación hablamos con mayor detalle en nuestra entrada dedicada a los mosasaurios de Colombia.
Panorámica de las montañas del Alto Ricaurte, departamento de Boyacá, donde afloran rocas de la Formación Paja. Créditos: Servicio Geológico Colombiano (SGC).
Los primeros indicios en Villa de Leiva
Mientras la identidad del supuesto ictiosaurio del Tolima terminaría siendo cuestionada, comenzaron a aparecer noticias de restos de estos reptiles marinos en el Cretácico temprano de Boyacá. En 1983, Marcelo de la Fuente y Ricardo Goñi, al realizar una síntesis de los vertebrados marinos mesozoicos conocidos en Colombia, incluyeron entre la fauna procedente de las rocas aptianas de Villa de Leiva la presencia de ictiosaurios, remitiendo para este registro a un trabajo anterior de Gustavo Huertas publicado en 1971 (De la Fuente & Goñi, 1983).
Sin embargo, aquellos primeros restos permanecían prácticamente desconocidos. Años después, al describir Platypterygius sachicarum, la paleontóloga colombiana María E. Páramo Fonseca (1997) recordó que la presencia de ictiosaurios en la Formación Paja de Villa de Leiva ya había sido mencionada previamente por Huertas (1971), De la Fuente & Goñi (1983) y Bardet (1992), pero señaló que estos materiales no habían sido descritos.
Por tanto, durante las décadas de 1970 y 1980 ya existían evidencias de la presencia de ictiosaurios en los mares que cubrieron esta región de Boyacá, aunque aquellos fósiles todavía no habían sido objeto de una descripción paleontológica detallada.
Otro registro temprano procede de un lugar diferente. En 1985, Georgina Guzmán mencionó restos de vertebrados hallados en la Formación Rosablanca, en la región de Los Santos–Zapatoca, Santander, cuyas rocas fueron consideradas de edad Valanginiano–Hauteriviano inferior. Entre estos restos se encontraron fragmentos de vértebras, dientes de peces rayiformes y vértebras y aletas atribuidas provisionalmente a posibles ictiosaurios. Restos semejantes fueron registrados además en diferentes niveles de la sucesión estudiada (Guzmán, 1985).
Estos vertebrados formaban parte de una rica asociación fósil marina en la que también se encontraron amonitas, numerosos bivalvos y gasterópodos, equínidos (erizos de mar), serpúlidos (gusanos anélidos) y, más ocasionalmente, corales, briozoos, crustáceos y braquiópodos, además de microfósiles como foraminíferos. Entre los invertebrados destacan bivalvos como Aetostreon, Ceratostreon, Idonearca y Lucina, algunos de los cuales fueron encontrados incluso preservados en la misma posición que ocupaban en vida (Guzmán, 1985).
Aunque los posibles restos de ictiosaurio no fueron descritos anatómica ni taxonómicamente en detalle, esta mención resulta especialmente interesante porque documenta su posible presencia en Santander, fuera del conocido registro de la Formación Paja de Boyacá, y en rocas más antiguas del Cretácico temprano.
La situación cambiaría en 1997, cuando la Dra. Páramo estudió un extraordinario cráneo que llevaba más de dos décadas conservado en las colecciones del Museo Geológico José Royo y Gómez.
Platypterygius sachicarum : el primer ictiosaurio colombiano descrito
El ejemplar que cambiaría la historia de los ictiosaurios colombianos había permanecido durante más de veinte años en las colecciones paleontológicas del Museo Geológico José Royo y Gómez del entonces INGEOMINAS, actual Servicio Geológico Colombiano (SGC). El cráneo había sido donado por el señor Jorge Cárdenas junto con algunas vértebras; sin embargo, al desconocerse las circunstancias precisas del hallazgo, no podía asegurarse que estas pertenecieran al mismo individuo, por lo que la investigadora decidió no incluirlas en su estudio.
Holotipo de Platypterygius sachicarum (DON-19671), procedente de la Formación Paja, Villa de Leiva, Boyacá. Adaptado de Cortés y colaboradores (2021). Escala 10 cm.
El fósil, catalogado como DON-19671, procedía del sitio ‘Loma Pedro Luis’, aproximadamente 1,5 km al noroeste de Villa de Leiva, Boyacá. Había sido encontrado en un bloque de roca desplazado de su posición original, lo que impedía conocer con exactitud el nivel estratigráfico del que procedía. No obstante, las características geológicas de la zona permitieron situarlo en las Arcillolitas Abigarradas de la Formación Paja, entonces consideradas de edad Barremiano–Aptiano. Durante su preparación tampoco aparecieron ammonites que permitieran precisar mejor su edad. La historia del ejemplar una vez llegado al museo tampoco fue sencilla. Inicialmente había sido preparado mecánicamente y algunas de sus partes faltantes fueron reconstruidas con yeso sin asesoría especializada, ocultando parte de los caracteres originales del fósil. Para estudiarlo, la Dra. Páramo tuvo que retomar su preparación mediante métodos químicos, concentrándose especialmente en el lado izquierdo del cráneo, que era el mejor conservado (Páramo-Fonseca, 1997).
A pesar de su conservación incompleta y de haber sufrido fracturación, desplazamiento y aplastamiento lateral durante la fosilización, se trataba de un ejemplar excepcional: la autora lo consideró uno de los cráneos de ictiosaurios cretácicos más completos conocidos hasta aquel momento. El cráneo conservado medía unos 87 cm de longitud y la mandíbula alcanzaba los 93,5 cm, aunque faltaba el extremo anterior del rostro, por lo que originalmente habría sido algo mayor. El animal presentaba un cráneo robusto, con un rostro largo y grueso, una órbita ovalada y proporcionalmente pequeña y una amplia región situada detrás de esta. Su dentición era especialmente llamativa por la gran cantidad de dientes: se contabilizaron 49 dientes y espacios dentales en la parte conservada, con dientes relativamente pequeños y delgados, muy próximos entre sí y provistos de coronas cortas con marcadas estrías longitudinales (Páramo-Fonseca, 1997).
La comparación con otros ictiosaurios cretácicos conocidos mostró que el ejemplar de Villa de Leiva compartía numerosos rasgos con el género Platypterygius, pero no encajaba completamente con ninguna de sus especies conocidas. Las mayores semejanzas se encontraron con la especie norteamericana Platypterygius americanus, aunque el ejemplar colombiano presentaba, entre otras diferencias, una densidad dental mucho mayor: la autora calculó un índice mínimo de 15 frente a 7 en P. americanus, además de 22 posiciones dentales maxilares frente a 14 en la especie norteamericana. Estas diferencias llevaron a la investigadora a establecer en 1997 una nueva especie: Platypterygius sachicarum, cuyo epíteto fue elegido en referencia a los Sáchicas, el pueblo indígena que habitó la región donde fue encontrado el fósil (Páramo-Fonseca, 1997).
Un ictiosaurio difícil de clasificar
A pesar de la importancia de su descripción, durante años Platypterygius sachicarum siguió siendo una especie difícil de interpretar. El principal problema era que se conocía únicamente por el cráneo del holotipo, lo que limitaba considerablemente las comparaciones con otros ictiosaurios, especialmente con aquellas especies conocidas principalmente por restos poscraneales. Esta situación llegó incluso a generar dudas sobre si P. sachicarum y Platypterygius hauthali (Myobradypterygius hauthali), conocido a partir de restos de las extremidades encontrados en Argentina y Chile, podían representar en realidad la misma especie (McGowan & Motani, 2003; Maxwell y colaboradores, 2019).
Sin embargo, mientras P. sachicarum continuaba siendo conocido solamente por aquel cráneo, las colecciones paleontológicas colombianas iban revelando que el registro de ictiosaurios de la Formación Paja era mucho más abundante de lo que las publicaciones dejaban entrever. En su revisión de 2015 sobre los reptiles marinos cretácicos de Colombia, la Dra. María E. Páramo documentó numerosos restos de ictiosaurios conservados en diferentes colecciones, muchos de los cuales todavía permanecían sin estudiar o publicar (Páramo-Fonseca, 2015).
Restos apendiculares del ictiosaurio oftalmosáurido (Platypterygius sp. FCG-CBP-87) del Barremiano temprano de Villa de Leiva. De izquierda a derecha: fotografía de la aleta izquierda y costillas en vista dorsal; imagen modelada en 3D y tomografía computarizada. Imagen mejorada con IA a partir del original de Dirley Cortés (2018).
Poco a poco algunos de estos materiales comenzaron a proporcionar nueva información. Uno de ellos, catalogado como FCG-CBP-87 —posteriormente referido como CIP-FCG-CBP-87—, procedía de Loma La Cabrera, al occidente de Villa de Leiva. El ejemplar conservaba restos de las dos aletas anteriores junto con algunos fragmentos de costillas y había sido encontrado dentro de una concreción calcárea. Dos ammonites asociados al fósil permitieron situarlo con mayor precisión en el Barremiano temprano de la Formación Paja (Cortés & Páramo-Fonseca, 2018).
Las características de sus aletas permitieron asignarlo al género Platypterygius, pero la ausencia de otros elementos diagnósticos no permitió determinar con seguridad la especie, por lo que fue publicado como Platypterygius sp. De hecho, cuando posteriormente pudo compararse con nuevo material atribuido a P. sachicarum, se observaron varias diferencias en la forma y disposición de los huesos de la aleta. Aunque algunas eran relativamente pequeñas, los investigadores consideraron que no existían evidencias suficientes para asignar FCG-CBP-87 a P. sachicarum, por lo que mantuvieron su identificación como Platypterygius sp. (Maxwell y colaboradores, 2019).
Pero la pieza que realmente comenzaría a resolver algunas de las incógnitas de P. sachicarum sería otro ejemplar mucho más completo. En 2019, un nuevo cráneo asociado a buena parte del esqueleto proporcionaría, por primera vez, restos poscraneales atribuidos a esta especie y permitiría comprobar incluso que P. sachicarum y P. hauthali no eran sinónimos (Maxwell y colaboradores, 2019).
Revelando la anatomía de Platypterygius sachicarum
En 2014, Gustavo Amador y Carmenza Amador encontraron un gran esqueleto de ictiosaurio en la localidad de El Roble, también en Loma La Cabrera, Finca Los Morros, al norte de Villa de Leiva. El ejemplar, catalogado como CIP-GA-01042014 y posteriormente preparado en el Centro de Investigaciones Paleontológicas (CIP), procedía de las Arcillolitas Abigarradas de la Formación Paja. Un ammonite del género Colchidites encontrado muy cerca del esqueleto permitió situarlo hacia finales del Barremiano, hace aproximadamente 125 millones de años (Maxwell y colaboradores, 2019).
Platypterygius sachicarum, CIP-GA-01042014. A, B, fotografía general del ejemplar e ilustración interpretativa. Adaptado de Maxwell y colaboradores, (2019).
A diferencia del holotipo de Platypterygius sachicarum, este nuevo ejemplar conservaba mucho más que el cráneo. El esqueleto fue recuperado en tres grandes bloques e incluía el cráneo, buena parte de la columna vertebral, restos de costillas, la cintura pectoral y elementos de las extremidades anteriores, además de un posible elemento de la cintura pélvica. Se convirtió así en el primer ejemplar de la Formación Paja en el que se documentaban conjuntamente restos craneales y de las extremidades de un ictiosaurio (Maxwell y colaboradores, 2019).
Se trataba además de un animal considerablemente grande. Su cráneo alcanzaba 1,33 metros de longitud, situándose entre los cráneos más grandes conocidos de ictiosaurios del Cretácico. Comparándolo con otros representantes de Platypterygius y utilizando también las dimensiones del húmero, los autores estimaron para el animal una longitud corporal cercana a los 5 metros. Diferentes características del esqueleto indicaban además que se trataba de un individuo adulto. Pero quedaba una cuestión fundamental: ¿pertenecía realmente a Platypterygius sachicarum? La forma y ornamentación de los dientes coincidían estrechamente con las del holotipo y ambos ejemplares compartían, entre otros rasgos, mandíbulas robustas, una órbita relativamente pequeña y varias características de la mandíbula que, entre los ictiosaurios conocidos entonces de la Formación Paja, resultaban propias de P. sachicarum. Por estas semejanzas, además de su proximidad geográfica y estratigráfica, los investigadores asignaron CIP-GA-01042014 a esta especie (Maxwell y colaboradores, 2019).
Esta identificación tenía una consecuencia importante. Por primera vez podían asociarse a P. sachicarum elementos de las extremidades, lo que permitió compararlo directamente con Platypterygius hauthali, una especie sudamericana conocida principalmente por restos de las aletas. Las diferencias observadas en la disposición y proporciones de sus huesos demostraron que ambos animales no eran sinónimos, como se había llegado a proponer anteriormente. El nuevo esqueleto también permitió incorporar mucha más información anatómica de P. sachicarum a un análisis filogenético. Los resultados lo situaron junto a varias especies tradicionalmente incluidas en Platypterygius, y los autores consideraron que, con los datos disponibles entonces, no existían razones suficientes para retirar a P. sachicarum de este género. No obstante, advirtieron que las relaciones obtenidas dentro de los ictiosaurios oftalmosáuridos (Ophthalmosauridae) tenían un soporte débil y debían considerarse una hipótesis provisional (Maxwell y colaboradores, 2019).
De Platypterygius a Kyhytysuka: una nueva identidad para la especie sachicarum
Más de dos décadas después de su descripción original, el holotipo DON-19671 volvió a ser objeto de una revisión detallada. Los primeros resultados fueron presentados en 2020 por Dirley Cortés, Erin Maxwell y Hans Larsson, quienes señalaron que Platypterygius se había convertido históricamente en una especie de «cajón de sastre» en el que se habían incluido numerosos ictiosaurios cretácicos de relaciones inciertas. La pérdida durante la Segunda Guerra Mundial del holotipo de la especie tipo, Platypterygius platydactylus, complicaba todavía más la definición del género (Cortés y colaboradores, 2020).
Reconstrucción de Platypterygius sachicarum, el primer ictiosaurio descrito en nuestro país y que en su momento se reasignó como un nuevo género: Kyhytysuka sachicarum. Cortés y colaboradores (2021).
La revisión del ejemplar colombiano reveló alrededor de una docena de caracteres en la mandíbula y la región de las narinas que permitían diferenciarlo de P. platydactylus. Entre ellos destacaban una mandíbula robusta con el margen ventral relativamente recto, una órbita proporcionalmente pequeña y diferencias en la compleja anatomía de la región nasal. Los resultados preliminares ya llevaron a los autores a proponer que P. sachicarum debía ser retirado de Platypterygius y colocado en un género propio (Cortés y colaboradores, 2020).
La revisión completa fue publicada al año siguiente y reveló además una de las características más sorprendentes del animal: su dentición no era uniforme. A lo largo de las mandíbulas existían diferentes morfologías dentales, interpretadas como adaptaciones para cumplir distintas funciones durante la alimentación, desde perforar y sujetar hasta cortar y triturar. Combinada con la robustez del cráneo y las mandíbulas, esta dentición llevó a los autores a interpretar al animal como un depredador especializado en consumir vertebrados relativamente grandes y como el primer ictiosaurio hipercarnívoro reconocido en el Cretácico. Las diferencias anatómicas y los resultados del nuevo análisis filogenético llevaron finalmente a los investigadores a retirar la especie colombiana de Platypterygius y crear para ella un nuevo género: Kyhytysuka, pasando Platypterygius sachicarum a denominarse Kyhytysuka sachicarum (Cortés y colaboradores, 2021).
El nombre también constituye un homenaje al patrimonio indígena de la región. Kyhytysuka deriva de la lengua muisca y combina kyhyty, «cortar con algo afilado», con suka, «el que», pudiendo traducirse aproximadamente como «el que corta con algo afilado», en referencia a la peculiar dentición del animal (Cortés y colaboradores, 2021).
Sin embargo, esta nueva identidad no tardaría en ser cuestionada. La validez de Platypterygius y la posición de la especie colombiana volverían a ser revisadas pocos años después, dando lugar a un nuevo capítulo en la historia de sachicarum.
Reconstrucción de Platypterygius australis, un ictiosaurio oftalmosáurido del Albiano de Australia. Esta especie pertenecía al mismo conjunto de ictiosaurios cretácicos en el que diferentes análisis filogenéticos han situado a P. sachicarum, aunque las relaciones precisas entre ambos continúan siendo inciertas (Maxwell y colaboradores, 2019; Cortés y colaboradores, 2021). Ilustración Gabriel Ugueto
El regreso de Platypterygius sachicarum
La propuesta de Kyhytysuka no cerró definitivamente el debate sobre la identidad del ictiosaurio colombiano. La propia validez del género Platypterygius llevaba años siendo discutida y, para determinar qué especies podían pertenecer realmente a él, era necesario volver a compararlas con Platypterygius platydactylus, la especie tipo del género. El problema, como vimos anteriormente, es que su único ejemplar conocido fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que las comparaciones deben realizarse a partir de las descripciones e ilustraciones publicadas antes de su pérdida (Páramo-Fonseca y colaboradores, 2024).
La primera respuesta a la propuesta de Kyhytysuka llegó en 2023, durante el Segundo Congreso Colombiano de Paleontología. La Dra. María Páramo junto a Cristian Benavides y Renzo Garavito presentaron una reevaluación de la validez del género Platypterygius, basada principalmente en la comparación de la anatomía de las aletas anteriores y del cráneo de su especie tipo con las de otras especies históricamente asignadas al género. Los autores concluyeron que Platypterygius era un género válido y que P. sachicarum debía permanecer incluido en él, considerando insuficientes las diferencias utilizadas para justificar su separación como Kyhytysuka (Páramo-Fonseca y colaboradores, 2023).
Esta propuesta fue desarrollada posteriormente en un estudio publicado en 2024. En este trabajo, los investigadores prestaron especial atención a la morfología de las aletas anteriores y encontraron importantes semejanzas entre la aleta característica de P. platydactylus y las de varias especies tradicionalmente incluidas en el género, entre ellas P. americanus, P. australis, P. hercynicus y, significativamente, P. sachicarum. Además, propusieron tres nuevos caracteres diagnósticos de las extremidades anteriores que apoyarían la existencia de Platypterygius como un género válido y permitirían distinguirlo de otros oftalmosáuridos (Páramo-Fonseca y colaboradores, 2024).
Esta reevaluación afectaba directamente a Kyhytysuka. La Dra. Páramo y su equipo consideraron que las diferencias craneales utilizadas por Cortés y colaboradores (2021) para separar sachicarum de Platypterygius no eran suficientes para justificar la creación de un género diferente. Señalaron además que algunos de los caracteres atribuidos a P. platydactylus podrían estar condicionados por la orientación de los dibujos originales o por la propia preservación del ejemplar. Para los autores, CIP-GA-01042014 aportaba una evidencia especialmente importante. Recordemos que este ejemplar, asignado a sachicarum por Maxwell y colaboradores (2019), conserva una aleta anterior. Su morfología coincide con el patrón característico que estos investigadores reconocieron para Platypterygius, reforzando así la inclusión de la especie colombiana dentro de este género. Como resultado, los autores rechazaron el género Kyhytysuka y recuperaron para la especie colombiana su nombre original: Platypterygius sachicarum (Páramo-Fonseca y colaboradores, 2024).
Reconstrucción artística de Platypterygius (Kyhytysuka) sachicarum. Ilustración: Mario Lanzas.
No obstante, conviene entender este cambio como parte de un debate científico y no como una simple sucesión de nombres «correctos» e «incorrectos». La propuesta de Kyhytysuka se basó principalmente en diferencias craneales y en un análisis filogenético, mientras que la revisión posterior otorgó un peso especial a la anatomía de las extremidades y a una reevaluación de los caracteres que definen Platypterygius. La clasificación de estos ictiosaurios cretácicos ha cambiado conforme se han incorporado nuevos ejemplares, nuevas comparaciones y diferentes interpretaciones de su anatomía.
En la próxima entrada continuaremos explorando el registro de los ictiosaurios de Colombia para conocer a Platypterygius elsuntuoso y Muiscasaurus catheti, además de otros sorprendentes hallazgos y numerosos ejemplares conservados en colecciones que todavía esperan ser estudiados (en preparación)
Derechos de autor: ©titanoboaforest permite la reproducción de contenido siempre que se haga referencia a la fuente y a la autoría, recuerda que los vídeos, fotografías, reconstrucciones e imágenes también tienen derechos de autor así que no te olvides de citarlos. Si quieres saber cómo citar la entrada de un Blog siguiendo las Normas APA te recomiendo este enlace y si quieres generar automáticamente la referencia bibliográfica puedes hacerlo desde aquí.
Las fotografías compartidas de la Web Flickr son propiedad intelectual de sus respectivos autores y se publican aquí con fines educativos. Todos los derechos reservados ©
Te invitamos a conocer más del trabajo de los paleoilustradores cuyas imágenes acompañan esta entrada visitando sus páginas Web:
Andrey Atuchin https://linktr.ee/andreyatuchin
Antonio R. Mihaila https://x.com/mihaila_r
Christopher R. Scotese http://www.scotese.com/
Gabriel Ugueto https://gabrielugueto.com/
Mario Lanzas https://www.deviantart.com/mariolanzas
Referencias:
Cortés, D., Maxwell, E. E., & Larsson, H. C. E. (2020). Redescription and phylogenetic position of Platypterygius sachicarum (Reptilia: Ichthyosauria) from the Early Cretaceous of Colombia. En Canadian Society of Vertebrate Palaeontology 2020 abstracts (pp. 27–28).
Cortés, D., Maxwell, E. E., & Larsson, H. C. E. (2021). Re-appearance of hypercarnivore ichthyosaurs in the Cretaceous with differentiated dentition: Revision of ‘Platypterygius’ sachicarum (Reptilia: Ichthyosauria, Ophthalmosauridae) from Colombia. Journal of Systematic Palaeontology, 19(14), 969–1002. https://doi.org/10.1080/14772019.2021.1989507
Cortés, D., & Páramo-Fonseca, M. E. (2018). Restos apendiculares de un ictiosaurio oftalmosáurido del Barremiano inferior de Villa de Leiva, Colombia. Boletín de Geología, 40(1), 15–30. https://doi.org/10.18273/revbol.v40n1-2018001
De la Fuente, M. S., & Goñi, R. (1983). Primeras tortugas cretácicas marinas de Colombia. Geología Norandina, 7, 43–48.
Guzmán, G. (1985). Los grifeidos infracretácicos Aetostreon couloni y Ceratostreon boussingaulti, de la Formación Rosablanca, como indicadores de oscilaciones marinas. En F. Etayo-Serna & F. Laverde-Montaño (Eds.), Proyecto Cretácico (Publicaciones Geológicas Especiales del INGEOMINAS, No. 16, pp. XII-1–XII-16). INGEOMINAS.
Hernández-Camacho, J., & De Porta, J. (1963). El primer ictiosaurio del Cretácico de Colombia. Boletín de Geología, 12, 77–83.
Maxwell, E. E., Cortés, D., Patarroyo, P., & Parra Ruge, M. L. (2019). A new specimen of Platypterygius sachicarum (Reptilia, Ichthyosauria) from the Early Cretaceous of Colombia and its phylogenetic implications. Journal of Vertebrate Paleontology, 39(1), e1577875. https://doi.org/10.1080/02724634.2019.1577875
Páramo-Fonseca, M. E. (1997). Platypterygius sachicarum (Reptilia, Ichthyosauria), nueva especie del Cretácico de Colombia. Revista INGEOMINAS, 6, 1–12.
Páramo-Fonseca, M. E. (2015). Estado actual del conocimiento de los reptiles marinos cretácicos de Colombia. Publicación Electrónica de la Asociación Paleontológica Argentina, 15(1), 40–57. https://doi.org/10.5710/PEAPA.12.06.2015.98
Páramo-Fonseca, M. E., Benavides-Cabra, C. D., & Garavito-Camacho, R. A. (2023). Evaluación de la validez del género Platypterygius (Ichthyosauria, Ophthalmosauridae). En Segundo Congreso Colombiano de Paleontología (p. 18).
Páramo-Fonseca, M. E., Benavides-Cabra, C. D., & Garavito-Camacho, R. A. (2024). A new species of Platypterygius (Ophthalmosauridae) from the lower Barremian of Colombia and assessment of the species composition of the genus. Earth Sciences Research Journal, 28(2), 103–126. https://doi.org/10.15446/esrj.v28n2.112332
Lectura Recomendada:
Bardet, N., Houssaye, A., Jouve, S., & Vincent, P. (2023). Ocean life in the time of dinosaurs. Princeton University Press. https://doi.org/10.1515/9780691243993
Jaramillo, C., & Oviedo, L. H. (Eds.). (2023). Hace tiempo: Un viaje paleontológico ilustrado por Colombia (2.ª ed.). Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt; Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. http://hdl.handle.net/20.500.11761/36213
Ortiz Pabón, L. G. (2021). Reptiles fósiles de Colombia. Fondo Editorial IUE. https://doi.org/10.25057/9789585372733
Paul, G. S. (2022). The Princeton field guide to Mesozoic sea reptiles. Princeton University Press. https://doi.org/10.1515/9780691241456










